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El amor amoroso de las parejas pares

Nota: Este texto surge de una reflexión sobre la creación poética y la visibilidad de la comunidad LGBT+ en nuestro México contemporáneo, y constituye una pieza de reflexión autónoma sobre la lucha por los derechos humanos y la identidad en un entorno a menudo hostil.

​El proceso de adentrarse en la poesía amorosa implica, inevitablemente, tomar conciencia de los miles de versos dedicados a la pasión y de las innumerables antologías que han intentado, durante siglos, capturar lo inasible. Alberto Manguel, en su Breve Tratado de la Pasión, sugiere que al explorar esta temática no importa el renombre del autor, ni su género, ni su orientación sexual. Aquí nace un núcleo invisible: la convicción de que el amor es la piedra angular que sostiene el mundo. “El mundo nace cuando dos se besan”, escribe Octavio Paz, y en ese instante, una llama doble reconoce su propio pulso.

​El vivir despreciando determina

​La historia de la literatura está tejida con nombres que se afirmaron en la sombra. Desde la devoción extrema de Sor Juana Inés de la Cruz, cuya obra ha sido reclamada por la comunidad LGBT+ como un territorio donde la conciencia respira sin permiso, hasta el romance de Apolo y Jacinto o los versos de W. H. Auden. Para el poeta palestino Mahmud Darwish, escribir poesía amorosa en medio del desastre es un acto subversivo. Bajo esta premisa, resulta urgente preguntar: ¿por qué, en un estado como Michoacán, la visibilidad de las voces diversas ha enfrentado tantas barreras?

​El individuo que decide salir a la luz, que emerge de la resistencia, sostiene la noche con su propia llama vertical. Hemos visto cómo la voluntad derriba cárceles elegidas, permitiendo que poetas de todas las latitudes del estado alcen la voz. Celebro a quienes no temen amar libremente, pues como afirma el israelí Ronny Someck: “Yo la amo y que el mundo arda”.

​Si he de era un objeto, que sea un objeto que grita

​Existe, sin embargo, una realidad hostil. Nos encontramos con el acoso, la burla y, en el extremo, la violencia. México ocupa lugares alarmantes en crímenes de odio en los últimos años. Esta fractura no toca lo esencial, pero nos obliga a recordar que la libertad no es una concesión, sino un astro que permanece.

​Es necesario señalar las alianzas. El movimiento LGBT+ ha caminado junto al feminismo; sin embargo, es imperativo denunciar los discursos de odio —como los del feminismo radical transfóbico— que buscan deshumanizar a la minoría de nuestra minoría. La libertad de amar es innegociable y debe ser una arquitectura colectiva que no cercene la individualidad. Como diría Hannah Arendt: “un acto y una palabra bastan para cambiar cualquier constelación”.

​Yo también me acuerdo 

 

​La historia de nuestra comunidad no es solo estadística; es memoria. Escribo estos «Me acuerdo» como un ejercicio de vigilia para no olvidar el camino recorrido y el costo de nuestra existencia:

​Me acuerdo de Manuel Aguilar de la Torre (Paolo Po), quien en 1964 fue pionero en publicar textos expresamente homosexuales en México.

​Me acuerdo de los «41», cuya detención ilegal y desaparición nos recuerda el doble sufrimiento de ser pobre y marica, como diría Pedro Lemebel.

​Me acuerdo de Agnes Torres, cuyo asesinato en Puebla nos recuerda que la transfobia es una herida abierta.

​Me acuerdo de que, tras un incidente de discriminación en el centro de Morelia, donde policías nos gritaron insultos por caminar de la mano, comprendí la urgencia de documentar nuestra resistencia.

​Me acuerdo de las revueltas de Stonewall, iniciadas por maricas y transexuales marginales, latinas y negras.

​Me acuerdo de que la falta de leyes es una forma de anulación. Como escribió Primo Levi: es posible “anularnos primero como hombres para después matarnos lentamente”.

​Salir de mí, buscarme entre los otros

​La comunidad LGBT+ no pide privilegios; exige el acceso a las mismas reglas que rigen la vida pública: matrimonio igualitario, adopción, salud y leyes que frenen las terapias de conversión, esas prácticas que dañan la arquitectura de la individualidad.

​No podemos permitir que el fango de los discursos de odio —vengan de donde vengan, sea del conservadurismo extremo o de un falso progresismo— nuble nuestra meta. Al acercarnos a cualquier pensador, a cualquier figura pública, debemos discernir siempre entre su obra y su odio. No haremos la guerra, pero defenderemos nuestra libertad. La poesía es palabra, y la palabra, cuando es firme, desplaza el firmamento.

​Reordenemos la constelación. Hagamos de la poesía un jardín para los de «corazón ajardinado», un espacio donde el amor no sea solo un sentimiento, sino una declaración de principios. Porque el amor es amor, y aquí, en Michoacán, nuestra diversidad es, simplemente, nuestra mayor fuerza.

Emmanuelle Brío, Aliadx de Pride Michoacán, autor del poemario Puto amor, sus textos han sido incluidos en diversas antologías, entre ellas Afuera: arca poética de la diversidad sexual, El otro lado del silencio, Si era dicha o dolor y Ese gran reflector encendido de pronto. Ha publicado poemas en diarios y revistas digitales. En 2010 obtuvo el primer lugar del V Certamen Literario José Arrese en Matamoros, Tamaulipas, en la categoría de Poesía. En 2011 fue galardonado con el Primer Premio del Concurso Internacional de Poesía Heptagrama (Perú).

 

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