Skip to content

A ojo de buen cubero, ahora Peribán ¿Qué sigue y hasta cuándo…?

Nuevamente la naturaleza sigue llamando nuestra atención respecto al trato que le estamos dando a nuestro hábitat, estoy consciente que el crecimiento económico es fundamental, sin embargo considero que si no se hace de una manera sustentable y equilibrada estamos poniendo en riesgo mucho más que pesos y centavos.

No solo tenemos referencias de fenómenos naturales en otros estados de la república como Sonora y Sinaloa, aquí en casa, en Michoacán nos hemos visto afectados con lluvias torrenciales que han sido causantes de crisis, pérdidas materiales y humanas, en el no muy lejano febrero de 2010, los Municipios de Angangueo y Ocampo después de una intensa lluvia, fueron víctimas de un alud de lodo que arrasó con casas y más de 30 decesos, en aquella ocasión el dictamen de causalidad fue: “amplias áreas de la sierra taladas y la irresponsabilidad de los ciudadanos de instalar sus viviendas por donde alguna vez había pasado el caudal del río”, es decir responsabilidad compartida, por una parte la autoridad que no garantiza la seguridad de los bosques y por la otra personas que “indebidamente” orillados por su necesidad, fincaron sus casas en terrenos no aptos para la vivienda, sin embargo, valdría la pena preguntarnos ¿ya se hizo la reforestación prometida? ¿Se reubicó a las familias en lugares donde no se ponga en riesgo su vida? ¿Han regresado las autoridades para dar seguimiento a las observaciones de ambientalistas especializados?

El pasado mes de julio, sin ir más lejos, el norponiente de la capital michoacana, se vio seriamente afectada por una copiosa lluvia, que dio lugar al deslave del cerro del Quinceo, fiel guardián del estadio de futbol de la Monarquía, igualmente, hubo dramáticas inundaciones, alertas por otorgar permisos para asentamientos humanos que no cuentan con las garantías necesarias para la construcción; ello había sido anticipado tan solo un mes antes, por el Director de Protección Civil Municipal, Eduardo Ramírez, quien advirtió que la dinámica del suelo, la deforestación de la zona, escurrimientos y humedad de suelo por las lluvias, representaban un riesgo latente tanto para las personas que de manera irregular habitaban las faldas del Quinceo, como para las que tenían un hogar recién adquirido en colonias o fraccionamientos, incluso los titulares de los principales rotativos locales marcaban Noche de terror en Terrazas del Quinceo, en la culpa, de nueva cuenta autoridades que no hacen su trabajo como es debido y la actuación irreflexiva de ciudadanos, en muchos casos orillados por la necesidad de una vivienda.

La pregunta es ¿Ya se solucionó esa problemática? ¿Se atendió, no la regularización de la tenencia de la tierra, sino los indebidos asentamientos humanos? ¿Ya hicieron lo propio las Direcciones y Secretarías Municipales y estatales que tienen que ver con ello? ¿Se ha llevado a cabo algún programa de reforestación en la zona?

El domingo pasado, tocó el turno a otra zona del estado, Peribán de Ramos, una población que años atrás tenía una vocación agropecuaria mixta, donde su gente de trabajo salía en las madrugadas a los campos, al jornal, disfrutando de sus bosques de coníferas con pino, oyamel o junípero, esos hermosos paisajes de pino y encino; debiendo reconocer que si bien la economía no era la más óptima, si era sustentable. Hoy, su economía ha mejorado, siendo un centro de producción de aguacate de exportación, generando alrededor de 10,500 toneladas de aguacate, pero además siembra 2,400 hectáreas de zarzamora y berrys, según los últimos censos.

Fue el desbordamiento del río Cutio, quien en esta ocasión, se encargó de pasar la factura. No cerremos los ojos para reconocer que estos cambios climatológicos, tienen su origen, en gran parte, en la irresponsabilidad compartida entre autoridades y civiles con una ambición económica desmedida, las primeras por no llevar a cabo su función de vigilancia para evitar las grandes deforestaciones, seguir permitiendo la proliferación del “oro verde” cuya planta es de todos sabido que seca la tierra y necesita de agua abundante; los ácidos de las plantas de zarzamora y berrys, que dañan de manera irreversible.

No es una postura dejar de producir, sino hacerlo de manera responsable, devolviéndole a la tierra lo que le robamos sin entender que solo es prestada, recordemos que “cuando Dios dice a comer, del cielo caen chicharrones”, como decía mi tía por ello, hagamos lo que a cada quien le corresponde, la autoridad realizar, SIN CORRUPCIÓN, los estudios de vocación de la tierra y no permitir un cultivo distinto al concedido o bien asentamientos humanos en áreas de riesgo; salvaguardar los boques o las reservas ecológicas por medio de las autoridades competentes, a fin de evitar la tala inmoderada de árboles principalmente. Lo cierto es que el destino nos ha alcanzado, y si no hacemos un trabajo coordinado, acabaremos rápidamente con nuestros recursos naturales, pero más aún, con nuestra vida, esto es lo que a ojo de buen cubero percibe quien esto escribe.

M en D Alfonso Villagómez León

Comparte en tus redes

1 Comentario


Añadir un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Noticias recientes