TikTok, IA y percepción: así se está moviendo la elección de 2027 en Michoacán

Por David Pascual Arestegui Espinosa

Director del Centro de investigación de la opinión pública de Michoacán (CIOP) Michoacán se perfila rumbo a la elección en 2027 distinta a todas las anteriores. No solo por la competencia política, las alianzas fragmentadas o la disputa territorial entre partidos, sino porque probablemente estaremos frente a la primera elección verdaderamente digital en la historia del estado.

La batalla electoral ya no se está construyendo únicamente en plazas públicas, estructuras territoriales o recorridos de tierra. Hoy, gran parte de la disputa política ocurre en redes sociales, plataformas digitales y espacios de percepción emocional donde la inteligencia artificial, TikTok, Facebook y los algoritmos comienzan a jugar un papel cada vez más determinante.

La política está entrando a una nueva etapa: la de la guerra digital por la percepción.

En elecciones anteriores, las campañas buscaban convencer. Hoy, muchas veces buscan influir emocionalmente, instalar narrativas, generar tendencias o moldear estados de ánimo colectivos mediante contenido viral, segmentación de audiencias y estrategias digitales cada vez más sofisticadas.

El problema es que esta nueva realidad avanza mucho más rápido que la regulación electoral.

Actualmente, en México existen reglas relativamente claras sobre encuestas electorales, tiempos de publicación y criterios metodológicos; sin embargo, todavía existe un vacío importante respecto al impacto de la inteligencia artificial, la manipulación digital de contenido, las campañas negras automatizadas, los bots, la segmentación emocional y la difusión masiva de información diseñada específicamente para alterar percepciones públicas.

Las encuestas ya no solo miden la opinión pública. Hoy también pueden moldearla. Y lo mismo ocurre con las redes sociales. Un video viral, una campaña emocional o una narrativa bien posicionada digitalmente puede modificar percepciones en cuestión de horas y alterar el comportamiento político de sectores completos, particularmente entre jóvenes y votantes urbanos.

Morelia representa claramente este fenómeno.

La capital michoacana vive un escenario altamente competido entre Morena y PAN, donde existe un empate técnico temprano y donde factores como percepción digital, aprobación emocional y posicionamiento en redes pueden mover significativamente el tablero electoral.

Por un lado, Morena mantiene fortaleza territorial y presencia estatal; por el otro, el PAN conserva competitividad urbana en Morelia, particularmente en sectores de clase media y votantes digitales. Sin embargo, el verdadero diferencial podría no estar únicamente en las estructuras tradicionales, sino en quién logre dominar la conversación digital rumbo a 2027.Además, el escenario político estatal continúa moviéndose.

Las alianzas todavía no están definidas completamente, los grupos internos dentro de Morena, PT y Verde siguen en proceso de reacomodo, y partidos como Movimiento Ciudadano podrían captar segmentos importantes de voto joven e independiente mediante estrategias digitales agresivas.

En contextos tan cerrados, la percepción puede convertirse en poder político.

Por ello, resulta fundamental abrir desde ahora una discusión seria sobre la necesidad de fortalecer la regulación electoral en materia digital, particularmente en temas relacionados con inteligencia artificial, manipulación de contenido, difusión automatizada y monitoreo de percepción pública.

Así como existen monitoreos y lineamientos técnicos para las encuestas electorales, también debería discutirse la creación de mecanismos modernos de observación y transparencia digital que permitan identificar campañas de desinformación, manipulación algorítmica y estrategias de influencia artificial.

La democracia no solo enfrenta el reto de organizar elecciones limpias; ahora enfrenta el desafío de garantizar entornos digitales transparentes.

Como especialista en estudios de opinión pública y análisis electoral, considero que uno de los mayores riesgos para 2027 será confundir percepción digital con realidad territorial. Las redes pueden acelerar candidaturas, posicionar narrativas y destruir reputaciones en tiempo récord, pero también pueden generar espejismos políticos alejados de la verdadera intención de voto.

Michoacán está entrando a una nueva era electoral. Una era donde los datos, la inteligencia artificial, los algoritmos y las emociones digitales influirán cada vez más en las decisiones ciudadanas.

La elección de 2027 no solo se jugará en las calles. También se jugará en las pantallas.

Y apenas estamos viendo el inicio.

Morelia 2027: Morena y PAN en empate técnico; Las alianzas factor clave en la elección.

Por David Pascual Arestegui Espinosa


CEO del Centro de Investigación de la Opinión Publica deMichoacán.

Morelia se comienza a perfilar rumbo al 2027 en una de las contiendas municipales más competidas de los últimos años. Los datos disponibles, las encuestas electorales recientes, y la lucha por el posicionamiento de perfiles de todos los bandos, además del comportamiento histórico del voto en la capital michoacana apuntan a un escenario de alta competitividad donde ningún proyecto político puede asumir, por ahora, una ventaja definitiva.

La lectura central es clara: hoy se observa un empate técnico entre Morena y PAN, con una diferencia corta, estadísticamente movible y altamente sensible a los factores políticos que se desarrollen en los próximos meses. Este escenario coloca a Morelia en una ruta de competencia abierta donde la elección no se definirá únicamente por la fortaleza de los punteros, sino por la capacidad de construir alianzas y articular estructuras territoriales.

En el caso de Morena, el abanico de perfiles es amplio. Figuras como Luis Navarro García y Gladyz Butanda Macías aparecen como opciones viables en distintos escenarios, particularmente considerando variables como género y posicionamiento institucional. Sin embargo, en términos de presencia territorial, conocimiento público y posicionamiento político, Juan Carlos Barragán Vélez mantiene una ventaja competitiva interna que lo coloca como uno de los referentes más visibles dentro del bloque guinda.

Del lado del PAN, la competencia también se estructura a partir de diversos liderazgos con presencia política en la capital. Hugo Servín Chávez, Paola Delgadillo y David Cortés Mendoza representan distintas vertientes de un mismo bloque que combina operación política, estructura territorial y posicionamiento en sectores urbanos, particularmente en la clase media, donde el PAN ha mantenido competitividad.

En un escenario cerrado, el papel de los partidos con menor intención directa de voto se vuelve determinante. El Partido del Trabajo cuenta con liderazgos como Hugo Rangel Vargas, con capacidad de operación y movilización territorial. Por su parte, el Partido Verde Ecologista de México tiene en Ernesto Núñez Aguilar un perfil con estructura propia y margen de negociación política. Ambos actores pueden convertirse en factores decisivos dependiendo de hacia dónde orienten su respaldo.

El Partido Revolucionario Institucional, con figuras como Guillermo Valencia Reyes, conserva una base territorial, operadores políticos y voto leal que, aunque no lo colocan como puntero, sí lo posicionan como un actor estratégico en la definición del resultado final. Su capacidad de movilización en zonas específicas puede inclinar la balanza en una elección cerrada.

Finalmente, Movimiento Ciudadano podría jugar un papel más relevante de lo que hoy reflejan las mediciones. Perfiles como Toño Carreño representan una apuesta por el voto joven, independiente y urbano, un segmento que en escenarios de alta competencia puede convertirse en el verdadero diferencial electoral.

La elección de Morelia en 2027 no será únicamente una disputa entre Morena y PAN. Será una contienda definida por la capacidad de construir bloques, sumar estructuras y articular liderazgos con presencia real en territorio. En contextos de empate técnico, los partidos que hoy parecen secundarios pueden convertirse en los auténticos árbitros de la elección.

En política, cuando la diferencia es mínima, las alianzas y la movilización territorial pesan más que cualquier encuesta.

Como economista y especialista en estudios de opinión pública, con experiencia en la medición, análisis e interpretación de tendencias electorales, sostengo que los datos no son estáticos: evolucionan conforme avanzan las campañas, se definen candidaturas y se reconfiguran las alianzas. Por ello, será fundamental observar dos variables adicionales que pueden redefinir por completo el escenario: la influencia de las candidaturas a la gubernatura, que pueden arrastrar voto y reordenar preferencias locales, y el nivel de participación ciudadana, que en elecciones cerradas suele ser el factor que inclina la balanza.

El mensaje es claro: Morelia está ante una elección abierta, competida y altamente estratégica. Lo que hoy es empate, mañana puede ser ventaja… o derrota.

Estemos atentos.

En las próximas semanas estaré presentando nuevos ejercicios de análisis, medición y escenarios electorales que permitirán entender con mayor precisión hacia dónde se mueve la intención de voto en la capital michoacana.

 

 

Encuestas sin control: el riesgo silencioso que puede distorsionar la democracia

Por David Pascual Arestegui

En 2027 habrá elecciones en 17 estados del país y siempre ocurre lo mismo: se difunden encuestas por todos lados. Se inundan las redes sociales, los medios digitales, no faltan las columnas políticas… en fin… todos hablan de números, de preferencias, de quién sube y quién baja en las encuestas. Pero hay una pregunta que pocas veces se hace con seriedad: ¿qué tan confiables son esas encuestas?

Hoy, en la antesala de la definición de los coordinadores de la defensa del voto de Morena y delos distintos partidos políticos de oposición, las encuestas se han convertido en una herramienta de poder. Ya que no solo miden la realidad, también la moldean. Influyen en decisiones internas, en narrativas mediáticas y, sobre todo, en la percepción ciudadana.

El problema es claro: no existe en México una regulación suficientemente estricta ni efectiva que abarque toda la línea de tiempo del antes durante y después de la elección. Sobre quién puede publicar encuestas y bajo qué estándares. Esto ha abierto la puerta a ejercicios sin rigor metodológico, estudios “a modo” y mediciones que responden más a intereses políticos que a la realidad social.

Una encuesta mal hecha no es un error técnico… es una forma de desinformación.

Cuando se publican datos sin transparencia metodológica, sin tamaño de muestra claro o sin criterios estadísticos sólidos, lo que se genera es una distorsión de la democracia. Se construyen percepciones artificiales, se posicionan candidaturas de manera engañosa y se condiciona el comportamiento del electorado. Es importante diferenciar la veracidad de una encuesta digital, telefónica o presencial y su metodología de levantamiento de datos. Ya que esto no es menor pues en política, la percepción muchas veces pesa más que la realidad.

Por eso resulta urgente abrir el debate sobre la regulación de las encuestas electorales, particularmente en estados como Michoacán, donde los procesos políticos están altamente influenciados por la opinión pública y la narrativa mediática.

Desde el Colegio de Economistas de Michoacán “Lázaro Cárdenas del Río”, se está impulsando una iniciativa para establecer reglas claras y la obligatoriedad de fichas técnicas completas, transparencia en financiamiento, criterios metodológicos verificables y mecanismos de supervisión institucional, además de una ampliación en los periodos de monitoreo del Instituto electoral local.

No se trata de limitar la libertad de expresión. Se trata de proteger la calidad de la información pública.

La democracia no puede sostenerse sobre datos manipulados ni sobre percepciones construidas artificialmente. Necesita evidencia, rigor metodológicoy responsabilidad.

En los próximos meses veremos una avalancha de encuestas. Algunas serán serias. Otras no. Lo preocupante es que la diferencia no siempre será evidente para la ciudadanía.

Y ahí está el verdadero riesgo.

Porque cuando la información falla, la democracia se debilita.

Y cuando la democracia se debilita, no lo hace de forma inmediata ni evidente… lo hace de manera silenciosa, progresiva y profundamente peligrosa.

Normalizar encuestas sin sustento, tolerar la opacidad metodológica y permitir que intereses particulares definan la narrativa pública, es abrir la puerta a una simulación democrática donde la percepción sustituye a la realidad.

Hoy no basta con cuestionar las encuestas.
Es momento de exigir estándares, de construir reglas claras y de asumir una responsabilidad colectiva sobre la calidad de la información que circula en el espacio público.

Porque en política, quien controla la percepción puede influir en el rumbo de una elección… pero quien garantiza la verdad, fortalece la democracia.

Y esa es una decisión que ya no se puede seguir postergando.