En política, no decir nada también es una decisión.
Y, siendo honestos, suele ser la más cómoda.
Mientras el País discute, se polariza y se mueve, hay quienes han optado por el bajo perfil; no confrontar, no incomodar, no arriesgar.
Parece prudencia, pero en realidad, es cálculo.
Porque en esto de la política, el que calla no siempre otorga… muchas veces administra.
El silencio también construye poder,sin reflectores y sin desgaste.
En un entorno donde todo mundo quiere fijar postura, quien guarda silencio no está fuera del juego, está jugando a no perder. (leer 2 veces)
A no equivocarse, a no meterse en problemas,a no definirse. (leer de nuevo)
Pero hay algo que no falla: el que no se define, ya se definió.
Un legislador sin postura, un dirigente que le saca a la discusión, un cuadro que prefiere pasar desapercibido… no son neutrales. Están apostando por la inercia.
Y en política, la inercia casi siempre favorece al que ya está arriba. Ese es el detalle.
El silencio no es vacío,es una forma de gobernar sin dar la cara.
Sirve para aguantar la tormenta, para no quemarse, para “llevarla tranquila”. Pero también va dejando huella, mientras, el debate se enfría, la representación se diluye y la gente se queda esperando algo que nunca llega.
Porque la política no es para esconderse. Es para tomar posición.
Cuando eso se pierde, ya no hay política. Hay cálculo.
Hoy sobran silencios. En partidos, en liderazgos, en espacios donde antes había discusión.
No es casualidad.
Se premia al que no se mueve, al que no se equivoca, al que no incomoda. Total, “más vale no meterse en problemas”, dicen algunos.
Pero ese juego tiene fecha de caducidad.
La gente puede perdonar errores. Lo que no perdona es que no estés.
Porque al final, como dice el dicho: el que no habla, Dios no lo oye… y en política, tampoco la gente.
Nuestra generación no puede jugar a eso.
No venimos a administrar silencios. Venimos a asumir posiciones.
El país no necesita más políticos que “la lleven tranquila”.
Necesita claridad y certeza.
En política, el que se queda callado también decide.
Y muchas veces, decide no dar el ancho.




