Los cambios legales en México parecen no tener fin. Reformas judiciales aprobadas al vapor, modificaciones constitucionales que se anuncian más rápido de lo que se discuten y políticas públicas que llegan tarde o simplemente no llegan. En medio de este panorama, la pregunta es inevitable, ¿Quién vela porque la ley no se quede en papel?
La respuesta es clara, los profesionistas, colegios y barras de abogados. Son los que traducen la letra de la ley en práctica, los que exigen a los gobiernos que las reformas tengan dientes y los que pueden denunciar, con autoridad técnica, los abusos y omisiones. En Michoacán, esta responsabilidad cobra una nueva dimensión con la renovación del Colegio de Abogados del Estado, que este jueves 25 de septiembre celebrará su toma de protesta en la histórica Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la UMSNH.
El nuevo presidente, el Maestro Diego Romeo Chávez Hernández, no es un improvisado. Doctorante y Maestro en Políticas Públicas, licenciado en Derecho, abogado y funcionario Federal y Estatal con más de 28 años de experiencia en la administración pública, combina la técnica con lo político. Conoce las leyes, pero también los engranes del poder, y ese equilibrio será clave en un contexto donde la política muchas veces avanza más rápido que la norma.
El reto del Colegio bajo su liderazgo no será organizar foros ni acumular pronunciamientos, sino convertirse en actor real de la vida pública. Instalar observatorios de cumplimiento de sentencias, promover clínicas jurídicas para acompañar casos emblemáticos y presentar propuestas técnicas en cada reforma legislativa que se discuta.
En Michoacán, donde los vacíos legales son parte de la rutina, un Colegio fuerte puede convertirse en ese contrapeso que muchos preferirían ausente. Pero incómodo o no, es necesario. Porque en un país donde la política improvisa, la abogacía debe recordar lo esencial, sin aplicación real de la ley, no existe Estado de Derecho, existe simulación.






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