«Morena privatiza la salud en México».

Ahora que sabemos por las cifras del INEGI que 13 millones de personas salieron de la pobreza en el país, es muy importante analizar bien las características de este fenómeno para saber en qué condiciones quedan las personas.

Me voy a concentrar en la salud de las y los mexicanos, porque Morena la está privatizando con sus acciones y daré algunas cifras que arrojó el propio INEGI al medir la pobreza.

Entre 2016 y 2018 (años en los que gobernó Enrique Peña Nieto), la gente recurría más al sector público para atenderse, pero de 2018 al 2024 (años en los que gobernó Andrés Manuel López Obrador) disminuyó la atención de la salud en los hospitales, clínicas o consultorios públicos del país.

A partir del año 2020, la gente recurre más al sector privado para atenderse. Por ejemplo, en 2024, el 57.6% de las y los mexicanos se atendieron en el sector privado y el 40.6% se atendió en el sector público. Es decir, 17 puntos de diferencia.
Y la atención en el sector privado (hospitales y consultorios) fue del 28.5% en el año 2016, pero del 33.3% en el año 2024.

Si usted presta atención a las cifras, se puede dar cuenta que el sector público de salud en México está dejando de ser utilizado y los hospitales, las clínicas y los consultorios privados están tomando mayor fuerza.

¿Por qué esta privatización de la salud en el país? Con esta realidad, hay que tener mucho cuidado porque se entiende que la gente necesitará más recursos para atenderse en el sector privado en caso de necesidad.

Y otro punto muy importante que no debemos desestimar.

Será indispensable cuestionar para que los nuevos ricos de la cuadra (los gobernantes de Morena), no vayan a hacer negocios jugosos con el mercado negro de medicinas, instrumentos y los servicios de salud.

La moneda siempre tiene dos caras, y ahora estamos viendo la cara neoliberal de los gobernantes de Morena y sus aliados PVEM y PT.

*El autor es consultor y capacitador, tiene estudios de doctorado en Política, de maestría en Comunicación, de maestría en Neuromarketing, de maestría en Ciencia Política y de licenciatura en Derecho / Redes sociales: @ChristiánConAcento

Juventud 2025: romper muros, abrir caminosOctavio Ocampo

La juventud no solo es una edad o un dato demográfico, es ante todo una esperanza de cambio, formas de cuestionar el status quo. Es mirar el mundo y atreverse a decir que las cosas pueden —y deben— ser distintas. Es inconformarse con la injusticia aunque parezca “normal”, incomodarse con lo que todos aceptan y señalar lo que nadie quiere ver. Ser joven es no dar por sentado que las reglas son inamovibles, es preguntarse por qué las cosas se hacen como se hacen… y, sobre todo, imaginar otras maneras de hacerlas.

En 2025, ser joven en México significa enfrentar una realidad donde las oportunidades no siempre alcanzan para todos, donde la violencia, la desigualdad y la crisis climática marcan la vida cotidiana. Pero también significa vivir en un tiempo donde la tecnología conecta, donde las luchas por la diversidad y la equidad ganan espacios, y donde las voces jóvenes tienen el potencial de convertirse en la fuerza transformadora que el país necesita. Cuestionar no es destruir: es abrir la puerta a lo nuevo.

Por ello, el Día Internacional de la Juventud no es una fecha para la retórica vacía, sino para una reflexión profunda: ¿qué significa ser joven en México en 2025 y cómo se construye un futuro digno en un país con profundas desigualdades, pero también con un potencial enorme? En el marco de la nueva izquierda, el compromiso con las juventudes debe ir más allá de los discursos y convertirse en una estrategia integral que coloque a las y los jóvenes en el centro del proyecto de nación.

Hoy, más de 30.4 millones de personas en México tienen entre 15 y 29 años, según el INEGI, lo que representa cerca de una cuarta parte de la población. En Michoacán, este grupo etario constituye aproximadamente el 26% de sus habitantes, un bono demográfico que no durará para siempre.

El PRD Michoacán ha apostado de manera decidida por las juventudes: de nuestros 19 alcaldes, 10 son menores de 35 años, y en nuestras estructuras municipales contamos con jóvenes que hoy toman decisiones y ejercen liderazgos reales. Esto demuestra que cuando se abren espacios y se confía en su capacidad, las y los jóvenes no solo participan, sino que transforman la realidad desde sus comunidades.

La oportunidad es clara. Si se les brinda educación de calidad, empleo digno, acceso a la salud, vivienda y participación política real, pueden convertirse en el motor del desarrollo social y económico del estado y del país.

Sin embargo, los retos son tan evidentes como urgentes. En el plano nacional, el 42% de las y los jóvenes trabajan en condiciones de informalidad. En Michoacán, la migración juvenil hacia otros estados o al extranjero es una señal de que el talento se está yendo. El acceso desigual a la educación superior, la inseguridad, la violencia de género y las adicciones son problemas que no pueden seguirse postergando.

La nueva izquierda entiende que la justicia social para la juventud no es caridad, sino un derecho. Esto implica políticas públicas con tres ejes centrales:

Garantizar derechos universales: educación gratuita y de calidad en todos los niveles, salud mental y física, acceso a vivienda y transporte digno.

Redistribuir oportunidades: empleo formal, salarios justos y programas de emprendimiento que incluyan a quienes viven en zonas rurales, indígenas o con rezagos históricos.

Ampliar la participación política y social: consejos juveniles vinculantes, representación efectiva en el Congreso y en los cabildos, y apoyo a movimientos culturales y comunitarios liderados por jóvenes.

Frente a las narrativas que reducen a los jóvenes a un “futuro” indefinido, es fundamental reconocer que la juventud es presente y que sus problemas y sueños deben formar parte de la agenda inmediata. No hay democracia sólida ni desarrollo sostenible sin el protagonismo de quienes hoy estudian, trabajan, crean, luchan y defienden causas en todos los rincones del país.

Michoacán tiene retos particulares, pero también aspectos demográficos, educativos, tecnológicos, sociales y culturales que pueden potenciar el papel de los jóvenes. Aprovechar este potencial implica conectar el talento local con los grandes proyectos de infraestructura, innovación y desarrollo regional.

La izquierda actual debe asumir que apostar por la juventud no es una mera estrategia electoral, sino un deber histórico; implica tejer un pacto intergeneracional en el que la experiencia de las generaciones mayores se combine con la energía y creatividad de las nuevas, en un marco de respeto, equidad y solidaridad. Porque, como bien señala la Declaración Universal sobre la Juventud, “el desarrollo de la humanidad exige el despliegue pleno del potencial de todos los jóvenes”.

La juventud no espera concesiones, exige derechos, justicia y futuro. El llamado es claro: que cada política pública, cada presupuesto y cada acción de gobierno sean evaluados por su impacto en la vida de las y los jóvenes. Solo así, el Día Internacional de la Juventud será más que una efeméride, será la reafirmación de un compromiso con el presente, con Michoacán y con el país que queremos construir.

ES TIEMPO DE MUJERES

Que bonito se escucha en los discursos, ante las cámaras y los medios de comunicación; hoy las mujeres van al frente – dicen: pero la realidad es otra, muy distinta y mucho más cuando se trata de mueres diversas:


¿Dónde están las mujeres LBT en los espacios de poder y decisión? ¿Dónde están las mujeres lesbianas en el medio de la política sin el temor de asumir el costo político o el «no representa los valores de nuestro partido»? ¿Dónde están las mujeres bisexuales siendo promovidas en sus espacios laborales, sin que tengan que ser fantaseadas antes en actos sexuales? ¿Dónde están las mujeres trans, libres de prejuicio, discriminación y violencia?


¡No! ¡No están!
Ni siquiera hay política pública real y progresiva para ellas; ¿hasta cuándo habrá albergues para mujeres trans víctimas de violencia? Por que la ley federal de refugia en México impide que puedan ser recibidas en un espacio para salvoguardar su integridad, ¡carajo! ¡para salvar su vida!

Las mujeres diversas, no sólo atraviesan por la violencia estructural y sistemática por ser mujeres, también atraviesan la violencia por ser diversas, por ser indígenas, por ser emigrantes, por vivir con alguna discapacidad, por ser campesinas y no hay ni programas para mejorar sus contextos de vida, mucho menos para prepararse, estudiar, tener trabajos dignos, para no ser explotadas sexualmente, no se han generado las garantías para que dejen de AsesIn@rlas en crueles crímenes de feminicidio, a las mujers trans, ni siquiera se les da la justicia de que sus AsesIn@tos se tipifiquen como transfeminicidios.

¡Asi que no! Lamentablemente no es tiempo de mueres; al menos no como lo quieren vender los políticos hombres cobijados por el machismo.


Y que llegue una no significa que lleguen todas, lo vemos todos los días en aquellas que hoy son privilegiadas, pero también muchas, la mayoría rodeadas por hombres que les dicen qué hacer y qué decir…

Luis Antonio Cortés
Poder Prieto 🖤
Hagamos comunidad
❤️🧡💛💚💙💜

¿Qué marca país es México?

¿Sabías que tu país puede ser una marca? Sí, lo puede ser. Pero ser una marca país, no significa que a cada rato debas decir México, Hecho en México o llenar de banderitas todo.

Cuando alguien a ti te pregunta ¿eres mexicano?, o cuando tú le preguntas a alguien ¿eres canadiense?, lo que se responde, es lo que suele estar en la mente y esto es una marca país.

De ahí que sea importante comprender que una marca no la hacen los directivos de una empresa y una marca país no la hacen los gobernantes de un país; una marca país la hace la gente que va acumulando y compartiendo percepciones. Y desde luego que es un error pensar que un logo, un slogan y repetirlo todo el tiempo, es la construcción de una marca país. Esto es como si yo dijera -esbozando una sonrisa-, que “soy simpático” y lo repitiera muchas veces; esto no me hará simpático.

Una marca país, es el país interactuando con los extranjeros, es la experiencia de un turista en ese país, son las comidas típicas de ese país que las prueban quienes no viven ahí, es lo que piensan las personas de ese país de las personas de ese mismo país, son los productos por los que ese país es conocido, es la música que se exporta, son los resultados y el comportamiento de los deportistas de ese país, son las noticias que se dicen del país.

En resumidas cuentas: es todo aquello que se presenta en la mente de una persona cuando piensa en ese país.

Entonces, ¿cómo se puede mejorar una marca país? Les dejo tres ideas:
a) Hay que encontrar qué hace distinto al país.
b) Hay que encontrar qué se puede ser.
c) Hay que ponerse de acuerdo en qué se quiere ser y llevarlo a cabo.

Hay que recordar que una marca país es la acumulación de expectativas, experiencias y tópicos.

Ahora, pensemos en las experiencias que acumulan las y los mexicanos día tras día, las noticias que se están consumiendo todas las semanas del año. Si pensáramos en deportistas y sus resultados, ¿recordaríamos a Ana Gabriela Guevara como dirigente del deporte en el sexenio de López obrador?, ¿qué recordamos de ese sexenio con Guevara?

Ahora pensemos en Michoacán. ¿Qué temas y experiencias acumulamos todos los días las personas que vivimos en esta tierra?

Seguramente, responderás que hoy en día en el país y en Michoacán se ven y por lo tanto se acumulan experiencias muy negativas, de violencia, de injusticias, de impunidad, de feminicidios, etc. Entonces, ¿qué marca país o marca estado crees que exista? Con toda seguridad, será una marca muy poco deseada.

Una marca país no es lo que los gobernantes construyen, eso creen ellos; pero es lo que la gente percibe, por eso cuando un gobernante te dice que la percepción no importa, lo dice porque miente o porque no sabe acerca de cómo se construye una marca.

Ni más, ni menos.

*El autor es consultor y capacitador, tiene estudios de doctorado en Política, de maestría en Comunicación, de maestría en Neuromarketing, de maestría en Ciencia Política y de licenciatura en Derecho / Redes sociales: @ChristiánConAcento

Prosperidad Compartida: Un objetivo irrenunciable. Por Octavio Ocampo

El pasado 30 de julio, el INEGI dio a conocer los resultados de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) 2024. Entre las buenas noticias, destaca que los ingresos promedio de los hogares mexicanos han crecido un 15.7% en términos reales respecto a hace seis años. Además, la brecha entre los más ricos y los más pobres se ha reducido, pasó de 21 a 14 veces de diferencia entre 2016 y 2024.

En un país como México, donde la desigualdad es más que una estadística, los datos son alentadores. Sobre todo, cuando cuatro de cada diez mexicanas y mexicanos viven en pobreza y millones sobreviven con ingresos que apenas les alcanza para comer, mientras que el 10% más rico concentra gran parte de la riqueza nacional.

De allí que hablar de prosperidad compartida no sea una aspiración, sino objetivo nacional irrenunciable; porque no podemos seguir construyendo el progreso sobre una base de exclusión. La verdadera estabilidad, una democracia real y una paz duradera solo florecen cuando se extienden las oportunidades a toda la sociedad, porque cuando la riqueza se concentra, el tejido social se rompe, surgen resentimientos, se alimentan discursos de odio, crecen los índices de violencia y se debilita la confianza en las instituciones.

El economista Thomas Piketty lo dijo claramente: “Una sociedad más igualitaria no solo es más justa, también es más eficiente.” Sin embargo, a diario escuchamos que el éxito individual basta y que quien trabaja duro siempre podrá salir adelante. Pero esa es la trampa del mérito sin condiciones, una narrativa que ignora las barreras estructurales, pues no todos parten del mismo punto ni acceden a la misma calidad educativa, a un empleo formal o a una red de seguridad social y allí es donde las acciones gubernamentales importan.

No hay que perder de vista que organismos internacionales como la OCDE y otros centros de estudios nacionales, han evidenciado que en México si naces pobre, es muy probable que mueras pobre. Ese estancamiento en la movilidad social es el reflejo de un sistema que durante décadas reprodujo desigualdades, y que solo puede superarse con un compromiso real y con un proyecto de largo aliento más allá de los intereses personales e ideológicos.

Por eso, hablar de prosperidad compartida no es un discurso vacío, es hablar de justicia estructural, de corregir el rumbo y colocar en el centro la vida digna. Significa garantizar que cada mexicana y mexicano —sin importar su lugar de nacimiento, género, origen étnico o nivel educativo— tenga acceso real a oportunidades para desarrollarse, para aportar y para vivir con dignidad.

Debemos construir un sistema que, más allá de estadísticas macroeconómicas, garantice bienestar cotidiano: educación de calidad; acceso universal a servicios de salud y medicamentos; agua potable; transporte digno; empleo formal; reconocimiento del trabajo no remunerado; y una vejez con dignidad. No estamos hablando de caridad, sino de justicia. No de privilegios, sino de derechos. Y no de sueños, sino de políticas concretas que ya han demostrado su eficacia en distintas latitudes del mundo.

Este es el momento de elegir entre una economía para pocos o una sociedad para todas y todos. De eso se trata. Y ese es el futuro que debemos construir, juntos. Desde Michoacán, tierra de historia, migración y resistencia, hacemos un llamado a construir un modelo de desarrollo que ponga al centro la dignidad humana. Que reconozca el aporte de los pueblos indígenas, de las mujeres del campo, de los jóvenes sin empleo, de quienes migraron porque no encontraron oportunidades aquí.

La prosperidad compartida no es un lujo, es la condición mínima para una convivencia justa, para una democracia funcional y para una economía que no solo crezca, sino que reparta. La pobreza no es una falla individual, es un fallo del sistema, y corregirlo es una tarea colectiva impostergable. La política debe erradicar desigualdades, y ese debe ser uno de los objetivos centrales de la izquierda actual.

«Los nuevos ricos de la cuadra».

Los políticos de Morena son los nuevos ricos de la cuadra y eso, lo están mostrando con acciones incongruentes para los mantras que repiten y pretenden que la gente crea.

Desde luego, hay excepciones, pero las y los políticos de Morena que han sido exhibidos públicamente como mentirosos, están mermando la imagen de su partido y eso acelerará su desgaste, adicionalmente a otro tipo de errores que cometen en el ejercicio del poder.

En realidad, no hay nada de malo en ser rico, en tener dinero y en gastarse ese dinero como se guste; claro, siempre y cuando ese dinero no sea recurso público.

El gran problema de este movimiento llamado de la transformación, es que ellos mismos golpean los pilares que les hicieron fuertes con la narrativa del expresidente Obrador.

Se vendieron como “inmaculados”, “no iguales” y “a favor del pueblo”.

El asunto, es que ahora se retratan tal cual son y esa incongruencia les manchará su reputación de marca, y una marca que tiene mala reputación, pierde clientela.

Ser rico, no es malo; lo malo es decir que los de antes eran ricos y por su riqueza abusaban de los pobres, y ahora ellos se muestran como los nuevos ricos, en tanto el número de pobres no disminuye, en tanto la deuda heredada por López Obrador es la más grande en la historia del país, en tanto la economía mexicana está estancada por la violencia, por la incertidumbre que genera el nuevo poder judicial que viene, por la política arancelaria de Donal Trump, por los golpes que recibe cada semana el gobierno federal de Claudia Sheinbaum de parte del gobierno norteamericano, y un largo etcétera.

Morena, o los nuevos ricos de la cuadra están demostrando que no son iguales; están mandando el mensaje de que son peores por una simple razón: la hipocresía y la mentira, ofenderá más a la gente.

*El autor es consultor y capacitador, tiene estudios de doctorado en Política, de maestría en Comunicación, de maestría en Neuromarketing, de maestría en Ciencia Política y de licenciatura en Derecho / Redes sociales: @ChristiánConAcento

Regresando a los orígenes de la izquierdaOctavio Ocampo

En la historia política de Michoacán, pocos conceptos resultan tan significativos como el de la democracia. En torno a ella giran preguntas clave que siguen vigentes, tales como qué representa, cómo se materializa y en qué medida contribuye al bienestar social. Estos cuestionamientos adquieren especial relevancia cuando se vinculan con otra noción profundamente arraigada en la vida pública: el significado y el ejercicio de ser de izquierda.

La democracia como sistema de organización va más allá de su sentido procedimental, materializa valores fundacionales que hoy nos permiten vivir en convivencia, respetar la ley y reconocer a las minorías como actores preponderantes del cambio social.

A lo largo de la construcción del régimen político, no ha existido una única izquierda, ni convendría aspirar a ello por el bien de nuestra democracia. La izquierda no es propiedad ni potestad de alguien en particular; pensar que se requiere aceptar, conceder o autorizar su pertenencia representa, incluso en el plano discursivo, un retroceso frente a los avances democráticos alcanzados.

La pluralidad en las izquierdas es benéfica, no solo marca en el día a día el grado de intervención del Estado en la economía, sino también, la centralización del poder y sus decisiones, así como el modelo de desarrollo a instrumentar; sin embargo, la prioridad como principio de vida política debe ser el respeto y la tolerancia a los derechos de los demás.

Ser de izquierda está basado en la igualdad, en las mismas condiciones y oportunidades para mujeres y hombres; igualdad de acceso a los derechos de aquellos que viven en las tenencias, en las comunidades o en la misma capital; de los empresarios que exportan y de los emprendedores, de la misma igualdad que merecen las niñas, los niños y adolescentes, los grupos vulnerables y las personas con discapacidad.

Ser de izquierda representa privilegiar los intereses colectivos y el bien común con instituciones fuertes, activas y con objetivos claros para que puedan asegurar el acceso a los derechos y el ejercicio de las libertades, erradicando la pobreza, aprovechando racionalmente los recursos naturales y garantizando espacios de incidencia para las juventudes, las mujeres y otros sectores hasta ahora excluidos.

El encuentro que tuve hace unos días con el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, sirvió para revalorar la lucha de la Revolución Mexicana y los pendientes que existen en materia de derechos sociales y políticos, el crecimiento de la economía, la infraestructura y el valor de lo colectivo sobre intereses personales y de grupo.

Regresar a nuestros orígenes constituye una invitación para todas las izquierdas con el objeto de reafirmar con un alto compromiso y dignidad la responsabilidad de luchar por mejores condiciones de vida, en paz, con seguridad y solidaridad constructiva; se trata de trabajar entre todos por el estado que deseamos, uno democrático y progresista.

No es fácil o rápido, se requiere visión de futuro, unidad, patriotismo y un sentido de comunidad como lo asumía Seymour B. Sarason; es decir, con un sentimiento compartido en donde las necesidades de la colectividad son atendidas y eventualmente superadas bajo un sentido cooperativo de sus integrantes.

Regresar a los orígenes es el camino a la unidad de las izquierdas, a la competitividad electoral y a mantenernos en la preferencia ciudadana bajo el precepto que las luchas de las izquierdas representan la lucha amplia y legitima de los movimientos sociales de los obreros, campesinos, estudiantes y trabajadores de Michoacán.

Claro que otra política es posible, y el mejor momento para iniciar es hoy, caminemos juntos a la verdadera democracia, al trabajo colaborativo y respeto a todos los sectores de la sociedad, en el escenario político estatal no hay una sola izquierda, hay muchas, eso habla bien de nuestra pluralidad y madurez.

DEL PUEBLO SABIO, AL PODER SIN DISENSO

Durante años, se nos repitió que el “pueblo sabio” no se equivoca. Que su voluntad es sagrada, su palabra incuestionable y su voto suficiente para legitimar cualquier decisión. El resultado, previsible pero peligroso, es que hoy vivimos en un país donde el mandato popular ha sido usado como blindaje para el poder absoluto.

La narrativa es simple, si el pueblo votó por mí, entonces todo lo que hago tiene justificación moral, legal y política; en nombre del pueblo. Esa lógica, que seduce por su aparente pureza democrática, en realidad niega los principios básicos de una república pluralista; el disenso, la deliberación y el contrapeso.

Hoy, cualquier voz crítica es desechada como “conservadora”, “elitista” o “vendida”. El debate público ha sido reemplazado por un coro disciplinado donde el desacuerdo ya no se tolera, se descalifica. La legitimidad electoral se ha convertido en licencia para gobernar sin límites, sin matices y sin diálogo.

El problema no es que haya un gobierno fuerte. El problema es que esa fuerza ya no se somete a revisión, mientras ell “pueblo sabio” se ha vuelto el gran argumento para el silencio institucional, los órganos autónomos son estorbos, la prensa crítica es enemiga, los académicos son burócratas intelectuales, y las oposiciones … bueno.

Esta lógica no es nueva. En el siglo XX mexicano también se invocaba “la voluntad del pueblo” para justificar todo, desde expropiaciones forzadas hasta reelecciones encubiertas. Pero al menos entonces había una narrativa institucional que intentaba equilibrar la fuerza con la forma. Hoy ni eso.

Quienes disienten no cuestionan al pueblo, sino a la forma en que su voluntad está siendo usada como escudo. Gobernar con legitimidad no es lo mismo que gobernar sin contrapesos. El poder, por legítimo que sea, necesita límites, vigilancia y crítica. De lo contrario, deja de ser democrático y se convierte en obediencia ciega.

En nombre del pueblo sabio se han cerrado espacios, ignorado reclamos y despreciado voces. No hay que esperar a que sea tarde para recuperar lo que nunca debimos perder, la libertad de disentir sin ser acusado de traidor, en pocas palabras, la libertad.

Nuestra misión es lograr que el Polo Económico del Bienestar no sea sólo una etiqueta, sino una verdadera palanca de desarrollo incluyente: Omega Vázquez.

Los Polos Económicos del Bienestar representan una estrategia nacional transformadora impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum, con implementación a cargo de la Secretaría de Economía federal, encabezada por Marcelo Ebrard. Esta política busca transformar regiones clave del país en motores de desarrollo sustentable, innovación productiva y generación de empleos con sentido social.

En Michoacán, el reto y la oportunidad son mayúsculos. La clave del éxito de esta estrategia no radica solamente en la voluntad del gobierno, sino en la capacidad de articular correctamente a los verdaderos protagonistas del crecimiento económico: las y los inversionistas, empresarios, empresarias y productores locales. Ellos tienen hoy la oportunidad de sumarse a un proyecto nacional que apuesta por el contenido nacional, la industrialización regional y el desarrollo equilibrado.

Desde la Coordinación de la Secretaría de Economía Federal en Michoacán, el objetivo es claro: lograr que el Polo Económico del Bienestar no sea sólo una etiqueta, sino una verdadera palanca de desarrollo incluyente, que impacte positivamente en las cadenas productivas locales, eleve la competitividad del estado y genere oportunidades reales para miles de familias.

Con el acompañamiento decidido del Gobierno de México, impulsaremos un plan maestro regional, que convoque a todos los sectores económicos, genere confianza en la inversión, y garantice que los beneficios lleguen a todos los rincones del territorio. La inclusión, la sostenibilidad y la articulación de capacidades locales serán el sello de esta nueva etapa.

“Nuestro deber es convertir esta estrategia nacional en una realidad con rostro michoacano. El crecimiento con justicia social comienza con decisiones valientes y coordinación efectiva.”
— Omega Vázquez,
Coordinadora de la Secretaría de Economía Federal
Gobierno de México en Michoacán

El bono demográfico no es eterno

En la década de 1970, el país gestionaba la oportunidad de aprovechar a plenitud su bono demográfico, una etapa de potencial crecimiento que, como lo identifica el Fondo de Población de las Naciones Unidas, se da cuando la población en edad productiva (entre 15 y 64 años) supera a las personas dependientes (menores de 15 y mayores de 65 años).

Sobra decir que, durante las últimas seis décadas, la población de México se triplicó y aumentó la edad mediana, que pasó de 17 años a 30 años. Aunque el país aún se encuentra dentro del periodo del bono demográfico, cada vez queda menos tiempo. Actualmente, viven en el territorio nacional 133 millones de personas, de acuerdo con las proyecciones del Consejo Nacional de Población (CONAPO), de las cuales el 24% es menor de 14 años, el 67% se encuentra en plena edad productiva (15 a 64 años) y el 9% son adultos mayores de 65 años. Esto significa que hay alrededor de 49 personas dependientes por cada 100 personas en edad productiva.

CONAPO y otros organismos estiman que el bono demográfico de México alcanzó su punto óptimo entre 2010 y 2020, y que comenzará a cerrarse entre 2030 y 2040, lo que implica que el país debe acelerar su inversión en capital humano y elevar la productividad antes de que el envejecimiento poblacional eleve la carga social y económica de México.

Este fenómeno demográfico no solo permite acelerar el crecimiento económico, sino también reducir la carga financiera de las familias y mejorar su calidad de vida. A nivel macroeconómico, facilita la canalización de recursos ahorrados o acumulados hacia inversiones estratégicas y el acceso a servicios básicos, tal como lo señala el Fondo Monetario Internacional. Sin duda, el bono demográfico ha representado una oportunidad histórica para detonar el desarrollo social y económico del país.

En Michoacán también estamos viviendo un momento crucial, pues nos encontramos en el punto más alto de nuestra capacidad productiva poblacional. De los cinco millones de personas que radican en el estado en 2025, según CONAPO, el 64% se encuentra en edad laboral (15 a 64 años), y la mitad de la población es relativamente joven.

Si bien, la edad media de la población es de 29 años —la octava más baja del país— la dependencia ya es significativa, pues tenemos 55 niñas, niños y adultos mayores por cada 100 personas en edad productiva, lo que significa que más de 1.79 millones de michoacanos dependen de quienes trabajan.

Hacia el año 2050, Michoacán entrará en una etapa clave de transición demográfica, pues la población alcanzará los 5.8 millones de habitantes, con una edad media de apenas 36 años —la tercera más baja del país—, pero el llamado bono demográfico comenzará a cerrarse. Las proyecciones indican que el 65% de la población estará en edad productiva (entre 15 y 64 años), pero también aumentará el número de personas dependientes, dado que el 21% será menor de 15 años y el 16% tendrá más de 65 años. Esto significa que por cada 100 personas en edad de trabajar habrá 56 personas dependientes, un dato clave que marca el inicio del envejecimiento poblacional.

No hay que perder de vista que cuando la carga social y económica es muy alta, los gobiernos necesitan gastar más en salud, educación o pensiones, pero los recursos son limitados porque hay menos gente trabajando y pagando impuestos. Por eso es tan importante aprovechar el bono demográfico, dado que es una ventana de oportunidad para ahorrar, invertir en educación, crear empleos y prepararse para cuando la población envejezca y la carga social aumente.

Si bien, el gobierno mexicano ha priorizado las pensiones para las personas mayores, esto es solo un eslabón de una reforma más amplia que debe mirar a mediano y largo plazo para garantizar la sustentabilidad financiera de los sistemas de pensiones, desarrollar un sólido servicio de salud y consolidar un sistema de cuidados, además de crear las condiciones para una cultura del ahorro y promover la inclusión financiera para las personas mayores.

Maximizar el bono demográfico también significa apostar por la juventud, brindar acceso a una educación de calidad, oportunidades de empleo formal, programas de salud preventiva y espacios de participación. Aunque este fenómeno demográfico no es eterno, si sabemos gestionarlo, con visión y responsabilidad, también puede convertirse en el motor que transforme la historia de nuestro estado.