Entre la piel y la Cultura: Habitar la Sexodisidencia

El Ideario de Otro Rebaño

El pasado 29 de mayo de 2026, la agrupación católica incluyente para la diversidad sexogenérica de Morelia, Otro Rebaño, en el estado de Michoacán, cumplió su primer aniversario de labores apostólicas y espirituales, en el templo que la acogió desde el principio, la Rectoría del Señor de la Columna, antigua Capilla de Mulatos (o para esclavos) de la Valladolid de la Nueva España.

Las formas con las que celebraron el aniversario fueron una misa y, posteriormente, además del brindis y el agapé, la presentación del Ideario, el documento que según su propia “Precaución” tiene por objeto distinguir qué es Otro Rebaño, en cuyos contenidos se concentra el presente manuscrito.

En la misma “Precaución” aclara que no cuenta con licencias eclesiásticas, para que formalmente no sea tomado como un camino espiritual o moral del catolicismo. Francamente, algunxs de sus seguidores sí le ven propiedades como las anteriores, pero la agrupación está consciente de que sus caminos aún pueden causar incomodidad entre conciencias escrupulosas.

El Ideario es un documento organizativo, por lo que se pueden leer títulos como misión, visión, organigrama y otros semejantes de varias organizaciones sociales, pero también es formativo en cuanto a los fundamentos de su proceder, como hacen algunas comunidades apostólicas de fieles laicas y laicos, incluyendo títulos sobre sus santos patronos, la iluminación bíblica y su inspiración doctrinal más sobresaliente.

La primera es la cita del evangelio de Juan, capítulo 10, verso 16, cuando el Señor Jesús dice que tiene otras ovejas y que también a ellas las ha de llamar para ser un solo rebaño con un solo pastor. La segunda es del documento final de la XV Asamblea Ordinaria del Sínodo de los Obispos de 2018, el número 150 de Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional, que reconoce los límites antropológicos y pastorales de la Iglesia en materia de homosexualidad, como llama el catolicismo a toda condición no heterosexualista; que reconoce la existencia de caminos o grupos de acompañamiento para esta porción del pueblo de Dios, recomienda que se faciliten, que encuentren sus mejores maneras y que sucedan sin exclusiones.

El Ideario de Otro Rebaño también contiene oraciones dirigidas al Dios el que creen sus integrantes y una a santa María de Nazaret, en su advocación de la Divina Pastora como le han llamado piedades populares españolas y venezolanas. La primera, “Padre Bueno”, es por las necesidades “de quienes se reconocen o asumen con orientaciones sexuales o expresiones e identidades de género diversas” (Ideario, 2026: p. 4).

La siguiente oración, “Buen Pastor”, es la propia de la Liturgia de las horas, durante el cuarto domingo de pascua de cada año. La tercera se titula “Dios misericordioso” y es la usaron algunos integrantes de la agrupación, ese día, durante la eucaristía, para profesar un compromiso público temporal. La penúltima es por el descanso del papa Francisco, tomada de una colecta del Misal romano. Finalmente, la ya mencionada y titulada “Divina Pastora, Profeta Liberadora”, inspirada en las profecías de María, en la Biblia, conocidas como el Magnificat (o la Magnífica), por la palabra con la que inicia, en latín, expresada en el evangelio de Lucas, capítulo primero, versos 46-55. La primera de las oraciones, la tercera y esta última son composiciones propias, hechas desde la espiritualidad de la agrupación.

Por último, el Ideario de Otro Rebaño contiene de manera conclusiva sus solicitudes pastorales. Es decir, los caminos transitables, pero aún incipientes, al menos en la arquidiócesis de Morelia, que pueden compartirse con los pastores de la Iglesia, entendiéndose como los obispos y los sacerdotes que por definición comparten el ministerio pastoral del episcopado.

Son solicitudes puntualizadas en siete números con justificación en documentos son mayoritariamente enseñanza oficial del catolicismo, o dicho con tecnicismos propios, son magisterio ordinario de la Iglesia:

1. Deplorar acciones violentas e injusticias contra personas de la diversidad sexogenérica (Carta a los obispos de la Iglesia Católica sobre la atención pastoral a las personas homosexuales, 1989: no. 10).

2. Participación plena de todas las bautizadas y todos los bautizados, en la Iglesia (Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión, 2024: no. 4), en la sagrada liturgia (Sacrosanctum Concilium, 1963: no. 14) y en los ministerios laicales (Código de Derecho Canónico: can. 230).

3. Discernimiento y ayuda para encontrar caminos de respuesta a Dios y de crecimiento para fieles que conviven en pareja, sin acceso al matrimonio. (Amoris Laetitia, 2016: no. 305).

4. Facilidades de congregación para fieles de la diversidad sexogenérica y apertura de las comunidades cristianas a esta porción del pueblo de Dios (Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional, 2018: no. 150).

5. Capellán estable para fieles de la diversidad sexogenérica(Código de Derecho Canónico: can. 564).

6. Bendiciones para las vidas de las y los fieles de la diversidad sexogenérica, conformes al magisterio de la Iglesia (Fiducia Supplicans, 2023).

7. Iniciación cristiana para personas sexogenéricamentediversas, que las y los fieles de esta diversidad acerquen libremente a su prole a la misma, así como discernimiento para participaciones sacramentales. (Respuestas sobre la participación en los sacramentos del bautismo y del matrimonio de personas transexuales y homoafectivas, 2023).

Erick Eduardo Rodríguez Ballesteros, Comisionadx del Pride Michoacán, filósofo e historiador de formación, doctorante en el Instituto de Investigaciones Filosóficas de la UMSNH, con 20 años de experiencia pastoralista, en ámbitos juveniles,educativos, y LGBTIQ+. Secretario de la Red Católica Arcoíris México, asesor de la Coordinación Regional para América Latina y El Caribe de la Global Network of ReinbowCatholics, y junto a su esposo, Genaro Medina, fundadores de la comunidad católica incluyente Otro Rebaño de Morelia.

Entre la piel y la cultura: Habitar la sexodisidencia.La complicidad de lo dicho 

YTAguilar

Hay días en los que el ruido del discurso se vuelve más evidente que el contenido de lo que se dice. No porque falten voces, sino porque sobran enunciados sin elaboración crítica, opiniones que circulan con facilidad y se desentienden de su impacto.

Hay una forma de hablar que no nace del conocimiento, sino de la necesidad de ocupar espacio. No importa lo que se dice, sino el hecho de decirlo, como si la voz fuera suficiente para garantizar presencia o autoridad.

En muchos casos, este gesto aparece con mayor frecuencia en hombres, no como esencia, sino como un patrón cultural sostenido: una pedagogía del protagonismo atravesada por el machismo y por un narcisismo socialmente tolerado y reproducido.Una necesidad de enunciar incluso sin comprensión, como si hablar sustituyera la responsabilidad de entender.

No es exclusivo de un solo grupo, pero sí más visible en masculinidades autorizadas históricamente a opinar sin rendir cuentas. A la vez, no opera de forma aislada: se filtra y se reproduce en distintos cuerpos sociales. En muchos casos hombres, heterosexuales o no; en otros, mujeres y disidencias que, atravesadas por estas mismas estructuras, se adaptan a sus códigos como forma de pertenencia o validación.

Lo que circula no es solo discurso, sino la forma en que se vuelve aceptable.

En el campo del arte esto se vuelve evidente. Muchas veces, la complejidad de una obra se reduce a una reacción inmediata: me gusta o no me gusta. Esa reacción sustituye el proceso de lectura, y lo que debería implicar capas de interpretación se convierte en una respuesta automática. Bajo esta lógica, trabajos con múltiples niveles de sentido pueden ser descartados o celebrados sin comprensión real.

Este patrón también aparece en producciones culturales vinculadas a la disidencia sexual y de género. En algunos casos, ciertas propuestas adaptan lenguaje, estética o humor a códigos heteronormadospara ganar circulación dentro de marcos que no nacen de sus propias experiencias. Así, incluso dentro del arte, se reproducen formas pensadas para ser legibles desde afuera más que desde las vivencias que las originan.

El punto no es señalar culpa, sino reconocer un mecanismo: cuando la validación depende de ser aceptable para estructuras dominantes, se refuerzan marcos que violentan, limitan o condicionan lo que se intenta expresar.

Este proceso no ocurre solo en el arte. Se intensifica en la comunicación y los medios, especialmente en redes sociales y televisión de consumo masivo, donde las narrativas se amplifican y se vuelven aceptables.

Ahí no importa solo lo que se dice, sino quién lo dice y desde dónde. Son masculinidades hegemónicas las que ocupan con mayor fuerza el espacio público, hablando sin responsabilidad y reduciendo temas complejos a opiniones inmediatas que circulan sin consecuencias.

Los medios no son neutrales: seleccionan y reproducen estas formas de enunciación. En ese proceso, discursos que simplifican o deshumanizan no solo se difunden, sino que se normalizan y violentan.

El problema deja de ser lingüístico y se vuelve estructural: cuando ciertos modos de nombrar experiencias, particularmente dentro de la diversidad sexual y de género, se presentan de forma estigmatizante o reducida, no son errores aislados, sino parte de un sistema de producción y legitimación del discurso que los medios, las masculinidades hegemónicas y las dinámicas sociales reproducen y normalizan; se instauran violencias socialmente toleradas.

Estas formas no se quedan en lo simbólico. Circulan sin responsabilidad y generan un clima donde la deshumanización se vuelve cotidiana, donde la violencia aparece como broma, corrección o comentario aparentemente inofensivo, y en otros casos abiertamente ofensivo, pero aceptado como normal.

 

Nada de esto es accidental ni neutro. Es una forma de organización del discurso con efectos concretos sobre lo que una sociedad considera aceptable o defendible.

Cuando las masculinidades hegemónicas ocupan el espacio público sin responsabilidad y cuando otros cuerpos sociales, incluidas mujeres y disidencias, reproducen o se adaptan a esos códigos, se sostiene una estructura de legitimación y complicidad de la violencia.

En ese marco, lo LGBT+ no es abstracto: son vidas afectadas directamente por la forma en que se nombra y representa su existencia.

La cultura hegemónica no solo prohíbe: normaliza. Convierte violencias en humor, corrección o comentario menor, y esa aparente inocencia permite su expansión.

No hay neutralidad posible. O se reproducen estos discursos, o se interrumpen.

Nombrar con responsabilidad no es moralismo, sino una forma de disputar las condiciones que hacen posible la violencia cotidiana.

Porque lo que se normaliza en el discurso define lo que una sociedad tolera en la realidad. Lo que se dice, crea condiciones de vida, formas de existencia.

Y en este punto, no se trata de creencias ni discursos vacíos, se trata de vidas.

 

Yere Tony Aguilar (Juan Antonio Aguilar López, 1991). Integrante de PRIDE Michoacán A.C. artista escénico transdisciplinario, formado en artes escénicas, y activista LGBT+. Su trabajo vincula cuerpo, comportamiento y comunidad en diálogo con las ciencias sociales. Ha desarrollado obra escénica, escrita y audiovisual en diversos contextos dentro y fuera de México, y ha impartido conferencias sobre procesos colectivos.

ENTRE LA PIEL Y LA CULTURA: HABITAR LA SEXODISIDENCIA 

POR UNA UNIVERSIDAD INCLUYENTE

Imagina que eres un chico que siempre ha sentido atracción por otros chicos viviendo en un municipio de Michoacán donde eso no solo no está bien visto,  sinoque además es severamente castigado, así que debes callar eso que sientes para que no te vayan a lastimar como lo hacen con otros chicos y chicas que se atreven a mostrar públicamente su orientación sexual y que todos los días les gritan cosas, las ofenden y hasta las agreden físicamente o como esas chicas trans que empiezan a construir su identidad de género y que los machitos del pueblo en el día y ante los ojos de los demás desprecian, pero por las noches y en privado usan sexualmente. 

Así que cansado de esas situaciones y buscando una mejor vida decides salir de ahí para venir a estudiar a la capital y ser «alguien en la vida» ¡que carajos! pero si tú ya eres alguien, pero como eso es lo que dicta la sociedad, pues…  Llegas a la universidad a estudiar una ingeniería, carrera para hombres, porque en México no solo los juguetes y colores nos hemos empeñado en ponerles género, también a las carreras, tristemente te das cuenta que la realidad en esa facultad no es muy distinta de la de tu pueblo, ¡no puedes ser homosexual ahí! Las palabras discriminatorias hacia las personas LGBT son una constante y no puedes evitar sentirte frustrado, reprimido, la ciudad LGBTfriendy de la que habías leído no existe, las prestigiosas universidades de las que habías leído tanto como una incluyentes no lo es para todxs, ¿qué harás ahora con eso que sientes? ¿en quién vas a confiar? ¿existe realmente la libertad y el derecho a la no discriminación como lo estipula la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, la Declaración Universal de los Derechos Humanos, La Ley Contra la Discriminación del Estado de Michoacán y los propios Principios de género, igualdad e inclusión de las universidades? Y más importante aún ¿qué harán las autoridades universitarias, personal administrativo, docente, consejos estudiantiles, etc para garantizar la seguridad y libertad de maestros y alumnos diversos?

Si esta historia o una similar te suena contáctanos, no estas solx.

 

Luis Antonio Cortés Salinas, Enlace municipal de Pride Michoacán, Jefe del Departamento de Diversidad Sexual en el Ayuntamiento de Morelia, Activista con una trayectoria de 25 años.

Entre la piel y la cultura: Habitar la sexodisidencia.


“Michoacán: Cuando el silencio ante el odio nos arrebata el derecho a volver a casa”.

La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en su Artículo 1°, prohíbe de manera tajante toda discriminación motivada por la orientación sexual y la identidad de género. Es una promesa de igualdad, de dignidad y de vida. Sin embargo, esta semana en Morelia, esa promesa se ha vuelto a romper de la manera más irreversible posible. La localización de los cuerpos de Daniela, una mujer trans, que anhelaba vivir plenamente en condiciones de dignidad, fue una víctima más de una violencia que se ensaña con el cuerpo disidente, y de Jorge Luis Rangel Rojas, un joven con ganas de alcanzar sus metas; desaparecido desde hacía días y cuyo hallazgo nos devuelve la realidad del luto, no son hechos aislados. Son el síntoma de un Estadoconstitucional que ha fallado en su deber primordial: garantizar la seguridad de quienes habitamos en los márgenes de la norma heteropatriarcal.

 

La Perspectiva de Género no es una Concesión, es una Obligación

Es imperativo recordar que el debido proceso y el acceso a la justicia no empiezan en el juzgado, sino en el lugar del hallazgo. El caso de Daniela exige, por mandato constitucional y convencional, una investigación con perspectiva de género, orientación sexual y expresión de género.

No podemos permitir que la Fiscalía General del Estado de Michoacán clasifique estos crímenes bajo la narrativa simplista del «homicidio común». Cuando se asesina a una mujer trans y se abandona su cuerpo a plena vista de los transeúntes, con huellas de violencia extrema, el mensaje es claro: es un mensaje de disciplina y odio.

“El Estado tiene el deber de iniciar de oficio y sin dilación, una investigación seria, imparcial y efectiva […]” Corte Interamericana de Derechos Humanos. (2021, 26 de marzo). Caso Vicky Hernández y otras Vs. Honduras. Fondo, Reparaciones y Costas. Serie C No. 422. 

La Corte Interamericana de Derechos Humanos ha sido enfática en que el Estado tiene el deber reforzado de investigar cuando el móvil es la identidad de la víctima. Ignorar el componente de transfemicidio es, en sí mismo, una violación a los derechos humanos y una forma de revictimización institucional. Al ser México parte del Sistema Interamericano, esta sentencia es vinculante para las autoridades de Michoacán bajo el control de convencionalidad.Mientras la Corte nos obliga a investigar el prejuicio, la realidad en Morelia es que nuestras muertes se archivan en el silencio de lo ordinario.

 

Morelia: El mapa de la exclusión

Morelia se ha convertido en un escenario donde la visibilidad se paga con riesgo. El caso de Jorge Luis Rangel, desaparecido desde el 4 de abril yposteriormente hallado sin vida, nos habla de una vulnerabilidad sistémica. ¿Cuántas vidas más deben apagarse para que las políticas de seguridad dejen de ser generales y empiecen a ser específicas, y efectivas?

México es consistentemente el segundo país con más asesinatos de personas trans en el mundo, solo después de Brasil.

En Michoacán, organizaciones locales han documentado un repunte de violencia en la zona de Morelia y Tierra Caliente. Según el Observatorio Nacional de Crímenes de Odio, en los últimos años Michoacán ha figurado en los primeros lugares de agresiones contra personas de la diversidad.

Mientras el estado reporta «índices de paz en aumento», la tasa de impunidad en crímenes de odio en la entidad supera el 95%, lo que significa que casi nadie pisa la cárcel por matar a una persona trans.

La desaparición de personas LGBTIQ+ conlleva capas de riesgo que las autoridades suelen omitir. La falta de protocolos de búsqueda que entiendan las dinámicas de nuestra comunidad retrasa las horas críticas de localización. 

De acuerdo con la Suprema Corte de Justicia de la Nación (2022) en su Protocolo de actuación para quienes imparten justicia en casos que involucren la orientación sexual o la identidad de género, la autoridad tiene la obligación de agotar las líneas de investigación relativas a crímenes de odio y evitar el uso de estereotipos que revictimicen o justifiquen la agresión basándose en la conducta o estética de la víctima. ¿Por qué lo ignoran? Principalmente por la falta de capacitación técnica y el prejuicio arraigado. Operativamente, clasificarlo como «homicidio simple» es más rápido y requiere menos peritajes especializados que un crimen de odio, lo cual genera una impunidad estructural.

Sin embargo, la nulidad de procesos por falta de perspectiva de género y la perpetuación de una cifra negra de crímenes no reconocidos como tales. La justicia que llega tarde, cuando el cuerpo ya no tiene aliento, no es justicia plena; es una sentencia de abandono estatal.

 

El Constitucionalismo frente al Discurso de Odio

El marco jurídico mexicano ha avanzado en el papel, pero el papel no detiene las balas ni los golpes. Como constitucionalista, cuestiono: ¿De qué sirve el reconocimiento de la identidad de género en las leyes si no hay una protección real de la vida de quienes ejercen ese derecho?

La violencia sistemática que denuncian colectivos de la Diversidad no es una exageración activista; es una realidad fáctica. Estamos ante una omisiónlegislativa y ejecutiva para prevenir los crímenes de odio. La narrativa de «nos siguen matando por ser quienes somos» debe transmutar en una exigencia legal de reforma a los códigos penales y a los manuales de actuación policial. Necesitamos que el agravante de odio no sea un adorno en la ley, sino una herramienta de punibilidad real que desincentive la barbarie.

 

Justicia para Daniela y Jorge Luis

No queremos más hashtags de condolencias; queremos sentencias que reconozcan el odio como motor del crimen. La muerte de Daniela y Jorge Luis debe ser el punto de inflexión para que la sociedad civil y el gremio jurídico exijan una auditoría a las políticas de diversidad en Michoacán.

Queremos que la autoridad asuma como obligación mínima frente a nosotrxs reformar el Código Penal del Estado de Michoacán para incorporar el transhomicidiocomo un tipo penal autónomo, con agravantes específicas cuando existan huellas de odio o de saña motivadas por la identidad de género, así como crear una Unidad Especializada de Análisis de Contexto, con una partida etiquetada en el Presupuesto de Egresos, dentro de la Fiscalía. Esta unidad deberíacontar con peritos, antropólogos sociales y psicólogos con formación en diversidad, de modo que investigaciones como la del caso de Daniela no dependan del criterio o del prejuicio, del Ministerio Público en turno.

Hoy, Morelia nos debe una explicación y, sobre todo, nos debe una reparación integral que comience con la verdad. Ni un paso atrás en la defensa de nuestra dignidad. Que el nombre de Daniela y el de Jorge Luis resuenen no como víctimas silenciosas, sino como el grito de una comunidad que se niega a ser una cifra más.

Michelle Nijanski es abogada y maestrante en Derecho Constitucional, egresada con honores y especialista en Amparo. Destaca por su ferviente activismo en defensa de los derechos LGBTTTIQ+, integrando el litigio estratégico con una labor docente humanista. Es una voz crítica comprometida con la justicia social y la dignidad humana.

NORMALIZACIÓN DEL DISCURSO DE ODIO PARA LA COMUNIDAD LGBTTIQ+

Desde que soy joven he observado que, para referirse a una persona homosexual, la gente está muy acostumbrada a insultar, es muy común que siempre usemos términos muy ofensivos; es algo que realmente se ha normalizado desde muchísimo tiempo atrás.

Sin embargo, dentro de toda esta normalización de insultos, he notado un patrón en el día a día con el cual vivo en conflicto y realmente me molesta a tal punto de cuestionar: ¿En serio tenemos que seguir culpando a la forma en que nos criaron, o realmente seguimos eligiendo usar ese tipo de lenguaje ofensivo?

Es demasiado común escuchar esto de hombres heterosexuales, lo que más molesta es que, a pesar de que ya avanzamos muchísimo en cuanto a identidad de género y orientación sexual (herramientas que como sociedad nos ayudan a comprender mejor este tipo de temas), de todos modos, tenemos que adaptarnos a escuchar que se refieren a nosotrxs de esa forma. Lo peor de todo es que se da un supuesto respeto que, en realidad, no existe. No se ha normalizado llamar a las personas como lo que son: lesbianas, gays, bisexuales, trans, personas no binarias, etc.

Entiendo que todavía hay mucha desinformación, pero he notado que incluso aunque lxs personxs que ya conocen la forma correcta de nombrar aún así deciden llamar al otr@ ofensivamente. Sin embargo, en el momento en que una persona diversa lxs empieza a cortejar o da indicios de interés romántico, ahí sí se ofenden. 

Como sociedad, aún no se acepta que, aunque sean hombres heterosexuales, existe la posibilidad que a un hombre le llamen la atención física, mental o emocionalmente, obviamente, nadie tiene un cartel pegado en la frente con su orientación sexual, pero el problema es que estos hombres se ofenden al punto de querer llegar a los golpes, diciendo: «Fulanit@ ya me tiró la onda, si se me acerca lo voy a tener que poner en su lugar o golpearlo”, justo son esos mismos hombres quienes piden respeto, pero cuando ellos están en la misma situación cortejando a mujeres y siendo rechazados, entonces ellas son de lo peor (por no usar palabras ofensivas)e insultan hasta más no poder. Entonces, mi pregunta es: ¿Qué es lo que cambia? ¿Qué les da el derecho de cruzar los límites de un «no» bien establecido y no sentir que está mal, pero sí ofenderse cuando unx persona diversa no respeta el límite que ellos impusieron?

¿Qué es lo diferente en este cambio de rol? Sé que este tema se ha analizado de muchas formas, pero sigue pasando de manera horriblemente común.

¿En serio tenemos que continuar agachando la cabeza y callar para evitar conflictos? Todxs somos seres humanos y merecemos respeto por lo que somxs, por lo que hemos vivido y por cómo queremos vivir. Si todos merecemos respeto, ¿qué hace que no podamos recibir el mismo respeto que nosotrxs damos?
El problema, sé que es y continua siendo, la forma en que nos crían, desde que somos niñxs se nos enseña a usar estas palabras que se sabe son insultos y adoptarlas como parte del lenguaje, claramente al no haber quien corrija, esto seguirá pasando en un ciclo que quien sabe cuánto dure, aun nos falta avanzar como sociedad, pero mientas eso pasa, quienes deben agacharse y aceptar somos nosotrxs, lxs afectadxsdirectamente.
Todos los días, al levantarme claro que me gustaría que el cambio ya estuviera hecho, y que a las personas se nos tratede manera equitativa, pero no, y sé que para ello aún falta demasiado, aún hay mucho camino que recorrer, también sé que much@s también se identifican con lo que pienso, porque no soy la única que ha vivido este tipo de situaciones,pero de lo que si estoy segura es que es enorme la cantidad de malos momentos que nos ahorraríamos si simplemente se cambiara un simple gesto o comentario.
La parte que más se me hace hipócrita es escuchar “Sin ofender, pero…” Pues no, si me ofendo y porque si tu opinión es una crítica directa a la forma de ser, vestir, hablar o incluso algo que tiene que ver con su cuerpo, claro que es un insulto.
Una anécdota personal, cuando yo era nueva en mi actual trabajo, tenía un puesto diferente, evidentemente me hice de compañerxs y al confiar en la persona equivocada, se divulgo por todo el lugar mi orientación sexual, el problema no fue que lo supieran, si no el escuchar los términos que usaban para referirse a mí, evidentemente pensando que yo no escuchaba, pero claro que lo hacía, y no estoy apenada por ello, pero me llena de rabia justo eso, evitar decir lo que molesta (que es con justa razón) para evitar conflicto, un conflicto que claramente nosotxs no buscamos y tampoco comenzamos, porque estamos acostumbradxs a juzgar la reacción y no analizar que acción fue la que la ocasiono.
Las palabras hieren, y aunque claro que deberíamos tener una buena salud emocional para que esto no nos afecte, claro que afecta y claro que cansa, cansa demasiado, personalmente solo puedo imaginar el cómo se debieron sentir las personas que abrieron el camino para que estemos donde estamos ahora… Las anécdotas que escucho son muy crueles y feas y solo puedo añorar como será en el futuro con las generaciones que lleguen después de nosotrxs, que tan difícil o fácil será para ellos moverse en un mundo tan lleno de prejuicios.

 

PRIDE MICHOACÁN. Susana Villa Ayala. Comisionada.Auxiliar de contador, Pasante de enfermería.