¿Calma antes de la tormenta?

Por Jonatan Villa

A veces, en medio del ruido cotidiano, vale la pena detenerse y pensar en el país que estamos construyendo —o dejando de construir— para quienes vienen detrás. Y en ese ejercicio, una pregunta empieza a rondar con más fuerza: ¿estamos viviendo una calma engañosa antes de un cambio profundo?

El horizonte de 2027 comienza a dibujarse desde ahora, no solo en términos electorales, sino en el contexto de presiones externas, tensiones internas y una exigencia social cada vez más evidente. No es ningún secreto que la relación con Estados Unidos atraviesa una etapa distinta. Más allá de la diplomacia tradicional, hoy hay intereses claros en materia de seguridad, combate al crimen organizado y estabilidad económica. Eso se traduce en señalamientos, investigaciones y, sí, presión.

Pero aquí es donde aparece el verdadero dilema.

Como sociedad, hay un reclamo legítimo: queremos justicia. Queremos que se “limpie la casa”, que se rompan las redes de corrupción y que quienes han abusado del poder enfrenten consecuencias. Es un grito que lleva años acumulándose.

Sin embargo, también surge una inquietud igual de válida: ¿a qué costo? Porque cuando la presión viene del exterior, el riesgo es que las decisiones no respondan del todo a las necesidades internas, sino a intereses ajenos. Y peor aún, que las consecuencias económicas o políticas terminen afectando directamente a la ciudadanía, desde el bolsillo hasta la estabilidad del país.

La historia muestra algo con claridad: ningún país se transforma de fondo por imposición externa. Los cambios duraderos nacen desde dentro, con instituciones sólidas y una ciudadanía que no solo vota, sino que exige, cuestiona y se informa.

Por eso, más allá de si la presión internacional aumenta o disminuye, el punto clave está aquí. En lo que hacemos como sociedad.

El proceso hacia 2027 no empieza con las campañas, sino con las decisiones cotidianas: a quién escuchamos, qué información consumimos y, sobre todo, qué tipo de perfiles estamos dispuestos a respaldar. Porque exigir “gente limpia” no puede quedarse en consigna; implica revisar trayectorias, cuestionar discursos y no conformarse con promesas.

La justicia tampoco puede depender de factores externos. Si solo llega cuando hay presión internacional, entonces no es justicia: es reacción.

La moneda, como suele decirse, está en el aire. Pero no es el azar lo que definirá el resultado, sino la capacidad colectiva de asumir responsabilidad en el presente.

Quizá no estamos ante una tormenta inminente, pero sí frente a una oportunidad. La de decidir si los cambios que vienen serán impuestos por las circunstancias o construidos por la sociedad.

La diferencia no es menor. De hecho, lo cambia todo.

¿Tú cómo lo ves?

¿La presión externa puede ayudar a que México haga lo que no ha logrado por sí solo… o termina debilitando nuestras decisiones?

Te leo en los comentarios. 👇

¿Marca o resultados?

Hay Estados donde la política se explica por lealtades.


Michoacán no es uno de ellos.

Quien revise con calma los resultados electorales de las últimas décadas encontrará algo más interesante que una competencia entre partidos, encontrará un electorado que se mueve con relativa libertad, que cambia de opción sin demasiada nostalgia y que, llegado el momento, ajusta su decisión sin pedir permiso.

Esto no es un dato menor.

Durante años se ha intentado instalar la idea de ciclos cerrados, de momentos políticos definidos e incluso de cierta inevitabilidad en los resultados. La evidencia, sin embargo, sugiere que las  mayorías no se heredan, se construyen… y se pierden.

Más de una vez.

Eso obliga a leer con cuidado cualquier triunfo. No solo como punto de llegada, sino como fotografía de un momento específico, ya que las condiciones que lo hicieron posible no necesariamente son sostenibles.

El voto, en ese sentido, se parece más a un préstamo que a una propiedad.

Y en política,  los préstamos tienen fecha de revisión.

Hay otro elemento que empieza a notarse con mayor claridad e inercia, el peso de lo local. En medio de narrativas nacionales cada vez más marcadas, ciertos espacios siguen respondiendo a lógicas distintas, más cercanas, menos ideologizadas y en muchos casos, más exigentes con los resultados.

Ahí, la marca (partidista) importa menos de lo que algunos quisieran.
Los resultados, en cambio, pesan más de lo que se reconoce.

Esa combinación del electorado que no se casa con nadie y una valoración más puntual de la foto inmediata, reconfigura un día sí y al otro también el mapa político.
No de golpe, pero sí de manera constante.

Las lecturas simplistas suelen fallar en este tipo de contextos. Pensar que todo se explica desde un solo eje, desde una sola narrativa o desde una sola fuerza, termina dejando fuera fuerzas y escenarios que, en el momento decisivo, son determinantes.

Michoacán, con sus particularidades históricas, sigue siendo un terreno abierto.

Y se “premian” las lecturas finas, no las inercias.

Al final, la política no se trata solo de ganar una elección, sino de entender por qué se ganó… y cuánto de eso puede sostenerse.

Lo demás, como se ha visto más de una vez, cambia más rápido de lo que se admite en público.

Entre la piel y la cultura: Habitar la sexodisidencia.La complicidad de lo dicho 

YTAguilar

Hay días en los que el ruido del discurso se vuelve más evidente que el contenido de lo que se dice. No porque falten voces, sino porque sobran enunciados sin elaboración crítica, opiniones que circulan con facilidad y se desentienden de su impacto.

Hay una forma de hablar que no nace del conocimiento, sino de la necesidad de ocupar espacio. No importa lo que se dice, sino el hecho de decirlo, como si la voz fuera suficiente para garantizar presencia o autoridad.

En muchos casos, este gesto aparece con mayor frecuencia en hombres, no como esencia, sino como un patrón cultural sostenido: una pedagogía del protagonismo atravesada por el machismo y por un narcisismo socialmente tolerado y reproducido.Una necesidad de enunciar incluso sin comprensión, como si hablar sustituyera la responsabilidad de entender.

No es exclusivo de un solo grupo, pero sí más visible en masculinidades autorizadas históricamente a opinar sin rendir cuentas. A la vez, no opera de forma aislada: se filtra y se reproduce en distintos cuerpos sociales. En muchos casos hombres, heterosexuales o no; en otros, mujeres y disidencias que, atravesadas por estas mismas estructuras, se adaptan a sus códigos como forma de pertenencia o validación.

Lo que circula no es solo discurso, sino la forma en que se vuelve aceptable.

En el campo del arte esto se vuelve evidente. Muchas veces, la complejidad de una obra se reduce a una reacción inmediata: me gusta o no me gusta. Esa reacción sustituye el proceso de lectura, y lo que debería implicar capas de interpretación se convierte en una respuesta automática. Bajo esta lógica, trabajos con múltiples niveles de sentido pueden ser descartados o celebrados sin comprensión real.

Este patrón también aparece en producciones culturales vinculadas a la disidencia sexual y de género. En algunos casos, ciertas propuestas adaptan lenguaje, estética o humor a códigos heteronormadospara ganar circulación dentro de marcos que no nacen de sus propias experiencias. Así, incluso dentro del arte, se reproducen formas pensadas para ser legibles desde afuera más que desde las vivencias que las originan.

El punto no es señalar culpa, sino reconocer un mecanismo: cuando la validación depende de ser aceptable para estructuras dominantes, se refuerzan marcos que violentan, limitan o condicionan lo que se intenta expresar.

Este proceso no ocurre solo en el arte. Se intensifica en la comunicación y los medios, especialmente en redes sociales y televisión de consumo masivo, donde las narrativas se amplifican y se vuelven aceptables.

Ahí no importa solo lo que se dice, sino quién lo dice y desde dónde. Son masculinidades hegemónicas las que ocupan con mayor fuerza el espacio público, hablando sin responsabilidad y reduciendo temas complejos a opiniones inmediatas que circulan sin consecuencias.

Los medios no son neutrales: seleccionan y reproducen estas formas de enunciación. En ese proceso, discursos que simplifican o deshumanizan no solo se difunden, sino que se normalizan y violentan.

El problema deja de ser lingüístico y se vuelve estructural: cuando ciertos modos de nombrar experiencias, particularmente dentro de la diversidad sexual y de género, se presentan de forma estigmatizante o reducida, no son errores aislados, sino parte de un sistema de producción y legitimación del discurso que los medios, las masculinidades hegemónicas y las dinámicas sociales reproducen y normalizan; se instauran violencias socialmente toleradas.

Estas formas no se quedan en lo simbólico. Circulan sin responsabilidad y generan un clima donde la deshumanización se vuelve cotidiana, donde la violencia aparece como broma, corrección o comentario aparentemente inofensivo, y en otros casos abiertamente ofensivo, pero aceptado como normal.

 

Nada de esto es accidental ni neutro. Es una forma de organización del discurso con efectos concretos sobre lo que una sociedad considera aceptable o defendible.

Cuando las masculinidades hegemónicas ocupan el espacio público sin responsabilidad y cuando otros cuerpos sociales, incluidas mujeres y disidencias, reproducen o se adaptan a esos códigos, se sostiene una estructura de legitimación y complicidad de la violencia.

En ese marco, lo LGBT+ no es abstracto: son vidas afectadas directamente por la forma en que se nombra y representa su existencia.

La cultura hegemónica no solo prohíbe: normaliza. Convierte violencias en humor, corrección o comentario menor, y esa aparente inocencia permite su expansión.

No hay neutralidad posible. O se reproducen estos discursos, o se interrumpen.

Nombrar con responsabilidad no es moralismo, sino una forma de disputar las condiciones que hacen posible la violencia cotidiana.

Porque lo que se normaliza en el discurso define lo que una sociedad tolera en la realidad. Lo que se dice, crea condiciones de vida, formas de existencia.

Y en este punto, no se trata de creencias ni discursos vacíos, se trata de vidas.

 

Yere Tony Aguilar (Juan Antonio Aguilar López, 1991). Integrante de PRIDE Michoacán A.C. artista escénico transdisciplinario, formado en artes escénicas, y activista LGBT+. Su trabajo vincula cuerpo, comportamiento y comunidad en diálogo con las ciencias sociales. Ha desarrollado obra escénica, escrita y audiovisual en diversos contextos dentro y fuera de México, y ha impartido conferencias sobre procesos colectivos.

Activar a los votantes (IV).

Las personas tenemos miles de años contándonos historias.

Desde los primeros homínidos (de la era paleolítica) que se comunicaban con gestos y movimientos de su cuerpo; pasando por las pinturas en las cuevas de hace 40 mil años, que son consideradas las primeras narraciones visuales; o los cuentos de los aborígenes australianos con 10 mil años de antigüedad; hasta considerar el primer gran relato literario escrito, “La Epopeya de Gilgamesh” de hace 3 mil años.

Todas estas etapas del ser humano muestran registros de cómo mujeres y hombres nos hemos contado historias para comunicarnos de manera más efectiva.

Por ello, contar historias en un excelente detonante de la comunicación política. ¿Por qué? Porque los seres humanos somos criaturas preponderantemente emocionales y las historias desencadenan nuestras emociones. De ahí, que los líderes estén obligados a tocar emociones, porque es esencial para conectar con su audiencia.

Cuando contamos una historia, activamos partes del cerebro asociadas con la visión, el oído, el gusto, el tacto y el olfato; pero finalmente lo relevante es saber ¿cómo utilizamos las historias en política?

  1. No solo presentes datos o cifras, humaniza tus propuestas. Cuenta una historia que ilustre el impacto de tus propuestas.
  2. Inspírate en ejemplos propios y cuenta tus experiencias de vida que motivaron tu ingreso a la política.
  3. Utiliza narrativas exitosas de otros lugares o países.
  4. Crea una visión de futuro, en la que describas cómo será la comunidad o el país que implementará tus ideas.

*El autor es consultor y capacitador para precampañas y campañas, tiene estudios de doctorado en Política, de maestría en Comunicación, de maestría en Neuromarketing, de maestría en Ciencia Política y de licenciatura en Derecho / Redes sociales: @ChristiánConAcento

Encuestas sin control: el riesgo silencioso que puede distorsionar la democracia

Por David Pascual Arestegui

En 2027 habrá elecciones en 17 estados del país y siempre ocurre lo mismo: se difunden encuestas por todos lados. Se inundan las redes sociales, los medios digitales, no faltan las columnas políticas… en fin… todos hablan de números, de preferencias, de quién sube y quién baja en las encuestas. Pero hay una pregunta que pocas veces se hace con seriedad: ¿qué tan confiables son esas encuestas?

Hoy, en la antesala de la definición de los coordinadores de la defensa del voto de Morena y delos distintos partidos políticos de oposición, las encuestas se han convertido en una herramienta de poder. Ya que no solo miden la realidad, también la moldean. Influyen en decisiones internas, en narrativas mediáticas y, sobre todo, en la percepción ciudadana.

El problema es claro: no existe en México una regulación suficientemente estricta ni efectiva que abarque toda la línea de tiempo del antes durante y después de la elección. Sobre quién puede publicar encuestas y bajo qué estándares. Esto ha abierto la puerta a ejercicios sin rigor metodológico, estudios “a modo” y mediciones que responden más a intereses políticos que a la realidad social.

Una encuesta mal hecha no es un error técnico… es una forma de desinformación.

Cuando se publican datos sin transparencia metodológica, sin tamaño de muestra claro o sin criterios estadísticos sólidos, lo que se genera es una distorsión de la democracia. Se construyen percepciones artificiales, se posicionan candidaturas de manera engañosa y se condiciona el comportamiento del electorado. Es importante diferenciar la veracidad de una encuesta digital, telefónica o presencial y su metodología de levantamiento de datos. Ya que esto no es menor pues en política, la percepción muchas veces pesa más que la realidad.

Por eso resulta urgente abrir el debate sobre la regulación de las encuestas electorales, particularmente en estados como Michoacán, donde los procesos políticos están altamente influenciados por la opinión pública y la narrativa mediática.

Desde el Colegio de Economistas de Michoacán “Lázaro Cárdenas del Río”, se está impulsando una iniciativa para establecer reglas claras y la obligatoriedad de fichas técnicas completas, transparencia en financiamiento, criterios metodológicos verificables y mecanismos de supervisión institucional, además de una ampliación en los periodos de monitoreo del Instituto electoral local.

No se trata de limitar la libertad de expresión. Se trata de proteger la calidad de la información pública.

La democracia no puede sostenerse sobre datos manipulados ni sobre percepciones construidas artificialmente. Necesita evidencia, rigor metodológicoy responsabilidad.

En los próximos meses veremos una avalancha de encuestas. Algunas serán serias. Otras no. Lo preocupante es que la diferencia no siempre será evidente para la ciudadanía.

Y ahí está el verdadero riesgo.

Porque cuando la información falla, la democracia se debilita.

Y cuando la democracia se debilita, no lo hace de forma inmediata ni evidente… lo hace de manera silenciosa, progresiva y profundamente peligrosa.

Normalizar encuestas sin sustento, tolerar la opacidad metodológica y permitir que intereses particulares definan la narrativa pública, es abrir la puerta a una simulación democrática donde la percepción sustituye a la realidad.

Hoy no basta con cuestionar las encuestas.
Es momento de exigir estándares, de construir reglas claras y de asumir una responsabilidad colectiva sobre la calidad de la información que circula en el espacio público.

Porque en política, quien controla la percepción puede influir en el rumbo de una elección… pero quien garantiza la verdad, fortalece la democracia.

Y esa es una decisión que ya no se puede seguir postergando.

 

ENTRE LA PIEL Y LA CULTURA: HABITAR LA SEXODISIDENCIA 

POR UNA UNIVERSIDAD INCLUYENTE

Imagina que eres un chico que siempre ha sentido atracción por otros chicos viviendo en un municipio de Michoacán donde eso no solo no está bien visto,  sinoque además es severamente castigado, así que debes callar eso que sientes para que no te vayan a lastimar como lo hacen con otros chicos y chicas que se atreven a mostrar públicamente su orientación sexual y que todos los días les gritan cosas, las ofenden y hasta las agreden físicamente o como esas chicas trans que empiezan a construir su identidad de género y que los machitos del pueblo en el día y ante los ojos de los demás desprecian, pero por las noches y en privado usan sexualmente. 

Así que cansado de esas situaciones y buscando una mejor vida decides salir de ahí para venir a estudiar a la capital y ser «alguien en la vida» ¡que carajos! pero si tú ya eres alguien, pero como eso es lo que dicta la sociedad, pues…  Llegas a la universidad a estudiar una ingeniería, carrera para hombres, porque en México no solo los juguetes y colores nos hemos empeñado en ponerles género, también a las carreras, tristemente te das cuenta que la realidad en esa facultad no es muy distinta de la de tu pueblo, ¡no puedes ser homosexual ahí! Las palabras discriminatorias hacia las personas LGBT son una constante y no puedes evitar sentirte frustrado, reprimido, la ciudad LGBTfriendy de la que habías leído no existe, las prestigiosas universidades de las que habías leído tanto como una incluyentes no lo es para todxs, ¿qué harás ahora con eso que sientes? ¿en quién vas a confiar? ¿existe realmente la libertad y el derecho a la no discriminación como lo estipula la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, la Declaración Universal de los Derechos Humanos, La Ley Contra la Discriminación del Estado de Michoacán y los propios Principios de género, igualdad e inclusión de las universidades? Y más importante aún ¿qué harán las autoridades universitarias, personal administrativo, docente, consejos estudiantiles, etc para garantizar la seguridad y libertad de maestros y alumnos diversos?

Si esta historia o una similar te suena contáctanos, no estas solx.

 

Luis Antonio Cortés Salinas, Enlace municipal de Pride Michoacán, Jefe del Departamento de Diversidad Sexual en el Ayuntamiento de Morelia, Activista con una trayectoria de 25 años.

Entre la piel y la cultura: Habitar la sexodisidencia.


“Michoacán: Cuando el silencio ante el odio nos arrebata el derecho a volver a casa”.

La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en su Artículo 1°, prohíbe de manera tajante toda discriminación motivada por la orientación sexual y la identidad de género. Es una promesa de igualdad, de dignidad y de vida. Sin embargo, esta semana en Morelia, esa promesa se ha vuelto a romper de la manera más irreversible posible. La localización de los cuerpos de Daniela, una mujer trans, que anhelaba vivir plenamente en condiciones de dignidad, fue una víctima más de una violencia que se ensaña con el cuerpo disidente, y de Jorge Luis Rangel Rojas, un joven con ganas de alcanzar sus metas; desaparecido desde hacía días y cuyo hallazgo nos devuelve la realidad del luto, no son hechos aislados. Son el síntoma de un Estadoconstitucional que ha fallado en su deber primordial: garantizar la seguridad de quienes habitamos en los márgenes de la norma heteropatriarcal.

 

La Perspectiva de Género no es una Concesión, es una Obligación

Es imperativo recordar que el debido proceso y el acceso a la justicia no empiezan en el juzgado, sino en el lugar del hallazgo. El caso de Daniela exige, por mandato constitucional y convencional, una investigación con perspectiva de género, orientación sexual y expresión de género.

No podemos permitir que la Fiscalía General del Estado de Michoacán clasifique estos crímenes bajo la narrativa simplista del «homicidio común». Cuando se asesina a una mujer trans y se abandona su cuerpo a plena vista de los transeúntes, con huellas de violencia extrema, el mensaje es claro: es un mensaje de disciplina y odio.

“El Estado tiene el deber de iniciar de oficio y sin dilación, una investigación seria, imparcial y efectiva […]” Corte Interamericana de Derechos Humanos. (2021, 26 de marzo). Caso Vicky Hernández y otras Vs. Honduras. Fondo, Reparaciones y Costas. Serie C No. 422. 

La Corte Interamericana de Derechos Humanos ha sido enfática en que el Estado tiene el deber reforzado de investigar cuando el móvil es la identidad de la víctima. Ignorar el componente de transfemicidio es, en sí mismo, una violación a los derechos humanos y una forma de revictimización institucional. Al ser México parte del Sistema Interamericano, esta sentencia es vinculante para las autoridades de Michoacán bajo el control de convencionalidad.Mientras la Corte nos obliga a investigar el prejuicio, la realidad en Morelia es que nuestras muertes se archivan en el silencio de lo ordinario.

 

Morelia: El mapa de la exclusión

Morelia se ha convertido en un escenario donde la visibilidad se paga con riesgo. El caso de Jorge Luis Rangel, desaparecido desde el 4 de abril yposteriormente hallado sin vida, nos habla de una vulnerabilidad sistémica. ¿Cuántas vidas más deben apagarse para que las políticas de seguridad dejen de ser generales y empiecen a ser específicas, y efectivas?

México es consistentemente el segundo país con más asesinatos de personas trans en el mundo, solo después de Brasil.

En Michoacán, organizaciones locales han documentado un repunte de violencia en la zona de Morelia y Tierra Caliente. Según el Observatorio Nacional de Crímenes de Odio, en los últimos años Michoacán ha figurado en los primeros lugares de agresiones contra personas de la diversidad.

Mientras el estado reporta «índices de paz en aumento», la tasa de impunidad en crímenes de odio en la entidad supera el 95%, lo que significa que casi nadie pisa la cárcel por matar a una persona trans.

La desaparición de personas LGBTIQ+ conlleva capas de riesgo que las autoridades suelen omitir. La falta de protocolos de búsqueda que entiendan las dinámicas de nuestra comunidad retrasa las horas críticas de localización. 

De acuerdo con la Suprema Corte de Justicia de la Nación (2022) en su Protocolo de actuación para quienes imparten justicia en casos que involucren la orientación sexual o la identidad de género, la autoridad tiene la obligación de agotar las líneas de investigación relativas a crímenes de odio y evitar el uso de estereotipos que revictimicen o justifiquen la agresión basándose en la conducta o estética de la víctima. ¿Por qué lo ignoran? Principalmente por la falta de capacitación técnica y el prejuicio arraigado. Operativamente, clasificarlo como «homicidio simple» es más rápido y requiere menos peritajes especializados que un crimen de odio, lo cual genera una impunidad estructural.

Sin embargo, la nulidad de procesos por falta de perspectiva de género y la perpetuación de una cifra negra de crímenes no reconocidos como tales. La justicia que llega tarde, cuando el cuerpo ya no tiene aliento, no es justicia plena; es una sentencia de abandono estatal.

 

El Constitucionalismo frente al Discurso de Odio

El marco jurídico mexicano ha avanzado en el papel, pero el papel no detiene las balas ni los golpes. Como constitucionalista, cuestiono: ¿De qué sirve el reconocimiento de la identidad de género en las leyes si no hay una protección real de la vida de quienes ejercen ese derecho?

La violencia sistemática que denuncian colectivos de la Diversidad no es una exageración activista; es una realidad fáctica. Estamos ante una omisiónlegislativa y ejecutiva para prevenir los crímenes de odio. La narrativa de «nos siguen matando por ser quienes somos» debe transmutar en una exigencia legal de reforma a los códigos penales y a los manuales de actuación policial. Necesitamos que el agravante de odio no sea un adorno en la ley, sino una herramienta de punibilidad real que desincentive la barbarie.

 

Justicia para Daniela y Jorge Luis

No queremos más hashtags de condolencias; queremos sentencias que reconozcan el odio como motor del crimen. La muerte de Daniela y Jorge Luis debe ser el punto de inflexión para que la sociedad civil y el gremio jurídico exijan una auditoría a las políticas de diversidad en Michoacán.

Queremos que la autoridad asuma como obligación mínima frente a nosotrxs reformar el Código Penal del Estado de Michoacán para incorporar el transhomicidiocomo un tipo penal autónomo, con agravantes específicas cuando existan huellas de odio o de saña motivadas por la identidad de género, así como crear una Unidad Especializada de Análisis de Contexto, con una partida etiquetada en el Presupuesto de Egresos, dentro de la Fiscalía. Esta unidad deberíacontar con peritos, antropólogos sociales y psicólogos con formación en diversidad, de modo que investigaciones como la del caso de Daniela no dependan del criterio o del prejuicio, del Ministerio Público en turno.

Hoy, Morelia nos debe una explicación y, sobre todo, nos debe una reparación integral que comience con la verdad. Ni un paso atrás en la defensa de nuestra dignidad. Que el nombre de Daniela y el de Jorge Luis resuenen no como víctimas silenciosas, sino como el grito de una comunidad que se niega a ser una cifra más.

Michelle Nijanski es abogada y maestrante en Derecho Constitucional, egresada con honores y especialista en Amparo. Destaca por su ferviente activismo en defensa de los derechos LGBTTTIQ+, integrando el litigio estratégico con una labor docente humanista. Es una voz crítica comprometida con la justicia social y la dignidad humana.

El Rostro Humano de la Empresa: El LegadoPor: Jonatan Isahib Villa Vargas

Históricamente, el sector empresarial y la defensa de los derechos humanos han caminado por senderos que muchos consideraban paralelos, o peor aún, opuestos. Se tenía la falsa creencia de que la rentabilidad era enemiga de la dignidad. Sin embargo, en el Michoacán actual, esa narrativa está cambiando radicalmente, y gran parte de ese giro de timón se genera al interior de la Cedh.

A través de su gestión y el impulso de la Certificación a Empresas Comprometidas con los Derechos Humanos, la Cedh no solo ha creado un sello burocrático; ha sembrado una semilla de consciencia en el ADN corporativo del estado.

Más allá del cumplimiento legal
Lo que hace destacar el trabajo de La Secretaria Técnica es el enfoque pedagógico y humano. No se trata simplemente de que las empresas «no violen» la ley; se trata de que se conviertan en agentes activos de bienestar. Bajo este liderezgi de liderazgo de unión , la certificación ha buscado:

  • Dignificación Laboral: Asegurar que los entornos de trabajo sean libres de acoso y discriminación.
  • Inclusión Real: Fomentar espacios donde la diversidad no sea una cuota, sino un valor agregado.
  • Responsabilidad Social Extendida: Que el impacto de la empresa toque positivamente a la comunidad que la rodea.

Un puente entre dos mundos
El mérito radica en la capacidad de conciliación. De Ha logrado sentar en la misma mesa a activistas, autoridades y dueños de capital, convenciéndolos de que una empresa respetuosa de los derechos humanos es, por definición, una empresa más competitiva, resiliente y sostenible a largo plazo.


En un estado con retos sociales tan complejos como Michoacán, este tipo de liderazgos son vitales. Dentro de la comisión hemos entendido que la paz social se construye desde lo cotidiano: desde el trato que recibe un obrero en una empacadora de aguacate, hasta la equidad salarial en una oficina corporativa en Morelia.
El futuro de la certificación

El camino no ha sido sencillo. Romper la inercia del «siempre se ha hecho así» requiere temple. No obstante, el número de empresas michoacanas que hoy ostentan este distintivo es prueba fehaciente de que el mensaje está calando.


La labor de la Comisión Estatal de Derechos Humanis deja una lección clara para el sector público y privado: el progreso económico de Michoacán será con derechos humanos o no será. Hoy, gracias a este impulso, las empresas michoacanas no solo exportan productos de calidad mundial, sino que empiezan a exportar algo mucho más valioso: integridad y respeto por la dignidad humana.

«Activar a los votantes (I)»

Las elecciones en México del año 2027 están a la vuelta de la esquina y las y los aspirantes a candidatos ya se cuestionan cómo comunicar para persuadir a las personas y ganar su voto.

La verdadera clave, está en conocer la psicología humana, porque eso hará que se ponga en el centro de la estrategia de campaña al ciudadano y no al político.

En esta serie de 10 columnas, te ofreceré estrategias y tendrás acceso a herramientas de persuasión para activar el cerebro de las personas, de tal manera que si piensas ser candidata o candidato puedas triunfar.

Lo primero que hay que entender, es que todas las personas cada vez que hacemos algo, cada vez que tomamos una decisión, lo hacemos usando un truco mental que nos guía en el día a día: ese truco, es lo que llamamos “disparador mental”.

Te ofreceré 10 disparadores mentales que debes conocer y el primero es: evitar el dolor y buscar el placer. Todo comienza con esto.

El cerebro humano está programado para ayudarnos a sobrevivir y protegernos, de ahí que siempre estará intentando mantenernos alejados del dolor y del peligro y acercándonos al placer o hacia aquellas cosas que nos hacen sentir bien y felices.

Te pongo un ejemplo: cuando sales a comer, buscas algo sabroso (placer), y evitas algo que pueda hacerte daño (dolor).

Con esta simpleza funciona el cerebro de las personas, en todas las decisiones por pequeñas o grandes que sean.

¿Entonces qué debes hacer para activar el cerebro del ciudadano y ganar su voto? Aquí es en donde entra el juego del dolor y del placer.

Lo primero que debes hacer, es identificar el dolor, es decir, los puntos débiles; debes saber qué le duele o les causa sufrimiento a las personas.

Enseguida, busca el placer, osea, la solución a ese dolor. Lo que debes mostrar, es la propuesta que disminuye o alivia el dolor o sufrimiento de las personas.

¿Y cómo comunicar el mensaje?
Siempre debes iniciar presentando el dolor o sufrimiento y, después, debes presentar la idea que dará placer o solución a la gente.

*El autor es consultor y capacitador para precampañas y campañas, tiene estudios de doctorado en Política, de maestría en Comunicación, de maestría en Neuromarketing, de maestría en Ciencia Política y de licenciatura en Derecho / Redes sociales:
@ChristiánConAcento

NORMALIZACIÓN DEL DISCURSO DE ODIO PARA LA COMUNIDAD LGBTTIQ+

Desde que soy joven he observado que, para referirse a una persona homosexual, la gente está muy acostumbrada a insultar, es muy común que siempre usemos términos muy ofensivos; es algo que realmente se ha normalizado desde muchísimo tiempo atrás.

Sin embargo, dentro de toda esta normalización de insultos, he notado un patrón en el día a día con el cual vivo en conflicto y realmente me molesta a tal punto de cuestionar: ¿En serio tenemos que seguir culpando a la forma en que nos criaron, o realmente seguimos eligiendo usar ese tipo de lenguaje ofensivo?

Es demasiado común escuchar esto de hombres heterosexuales, lo que más molesta es que, a pesar de que ya avanzamos muchísimo en cuanto a identidad de género y orientación sexual (herramientas que como sociedad nos ayudan a comprender mejor este tipo de temas), de todos modos, tenemos que adaptarnos a escuchar que se refieren a nosotrxs de esa forma. Lo peor de todo es que se da un supuesto respeto que, en realidad, no existe. No se ha normalizado llamar a las personas como lo que son: lesbianas, gays, bisexuales, trans, personas no binarias, etc.

Entiendo que todavía hay mucha desinformación, pero he notado que incluso aunque lxs personxs que ya conocen la forma correcta de nombrar aún así deciden llamar al otr@ ofensivamente. Sin embargo, en el momento en que una persona diversa lxs empieza a cortejar o da indicios de interés romántico, ahí sí se ofenden. 

Como sociedad, aún no se acepta que, aunque sean hombres heterosexuales, existe la posibilidad que a un hombre le llamen la atención física, mental o emocionalmente, obviamente, nadie tiene un cartel pegado en la frente con su orientación sexual, pero el problema es que estos hombres se ofenden al punto de querer llegar a los golpes, diciendo: «Fulanit@ ya me tiró la onda, si se me acerca lo voy a tener que poner en su lugar o golpearlo”, justo son esos mismos hombres quienes piden respeto, pero cuando ellos están en la misma situación cortejando a mujeres y siendo rechazados, entonces ellas son de lo peor (por no usar palabras ofensivas)e insultan hasta más no poder. Entonces, mi pregunta es: ¿Qué es lo que cambia? ¿Qué les da el derecho de cruzar los límites de un «no» bien establecido y no sentir que está mal, pero sí ofenderse cuando unx persona diversa no respeta el límite que ellos impusieron?

¿Qué es lo diferente en este cambio de rol? Sé que este tema se ha analizado de muchas formas, pero sigue pasando de manera horriblemente común.

¿En serio tenemos que continuar agachando la cabeza y callar para evitar conflictos? Todxs somos seres humanos y merecemos respeto por lo que somxs, por lo que hemos vivido y por cómo queremos vivir. Si todos merecemos respeto, ¿qué hace que no podamos recibir el mismo respeto que nosotrxs damos?
El problema, sé que es y continua siendo, la forma en que nos crían, desde que somos niñxs se nos enseña a usar estas palabras que se sabe son insultos y adoptarlas como parte del lenguaje, claramente al no haber quien corrija, esto seguirá pasando en un ciclo que quien sabe cuánto dure, aun nos falta avanzar como sociedad, pero mientas eso pasa, quienes deben agacharse y aceptar somos nosotrxs, lxs afectadxsdirectamente.
Todos los días, al levantarme claro que me gustaría que el cambio ya estuviera hecho, y que a las personas se nos tratede manera equitativa, pero no, y sé que para ello aún falta demasiado, aún hay mucho camino que recorrer, también sé que much@s también se identifican con lo que pienso, porque no soy la única que ha vivido este tipo de situaciones,pero de lo que si estoy segura es que es enorme la cantidad de malos momentos que nos ahorraríamos si simplemente se cambiara un simple gesto o comentario.
La parte que más se me hace hipócrita es escuchar “Sin ofender, pero…” Pues no, si me ofendo y porque si tu opinión es una crítica directa a la forma de ser, vestir, hablar o incluso algo que tiene que ver con su cuerpo, claro que es un insulto.
Una anécdota personal, cuando yo era nueva en mi actual trabajo, tenía un puesto diferente, evidentemente me hice de compañerxs y al confiar en la persona equivocada, se divulgo por todo el lugar mi orientación sexual, el problema no fue que lo supieran, si no el escuchar los términos que usaban para referirse a mí, evidentemente pensando que yo no escuchaba, pero claro que lo hacía, y no estoy apenada por ello, pero me llena de rabia justo eso, evitar decir lo que molesta (que es con justa razón) para evitar conflicto, un conflicto que claramente nosotxs no buscamos y tampoco comenzamos, porque estamos acostumbradxs a juzgar la reacción y no analizar que acción fue la que la ocasiono.
Las palabras hieren, y aunque claro que deberíamos tener una buena salud emocional para que esto no nos afecte, claro que afecta y claro que cansa, cansa demasiado, personalmente solo puedo imaginar el cómo se debieron sentir las personas que abrieron el camino para que estemos donde estamos ahora… Las anécdotas que escucho son muy crueles y feas y solo puedo añorar como será en el futuro con las generaciones que lleguen después de nosotrxs, que tan difícil o fácil será para ellos moverse en un mundo tan lleno de prejuicios.

 

PRIDE MICHOACÁN. Susana Villa Ayala. Comisionada.Auxiliar de contador, Pasante de enfermería.